Gran Recogida de Alimentos 2014Un año más hemos colaborado como voluntarios en la Gran Recogida de Alimentos, en el mismo supermercado de dos años atrás, un MAS de tamaño medio/pequeño, rodeado de bloques de viviendas modernas y antiguas, y con una clientela fija, aunque de variado nivel económico. Independientemente del objetivo de la campaña, confirmo mi reflexión sobre el papel de los supermercados en nuestra vida diaria de ciudad. Y cuento por qué.

LOS CLIENTES: han donado alimentos casi el 90% de los que han entrado a comprar, algunos incluso entraron solo para donar productos. Hemos observado el gasto realizado, llegando en algunos casos a 50-60 euros en alimentos por persona. También hubo quien nos dio las gracias por nuestro trabajo. Por cierto: ningún cliente asiático colaboró.

EL SUPERMERCADO: tan eficaz como siempre. Orientaron al público cuando preguntaban sobre qué tipo de alimentos comprar. Ayudaron a la recogida, se mostraron participativos. La cajera –Rocío- es increíble: cobra, prepara, envasa, a ratos libres coloca cajas, repone mercancías, atiende la sección de panadería, pregunta a los clientes por su salud, ordena los carritos, y atiende a los mendigos de la puerta.

LOS ALIMENTOS: este año se han recogido muchos alimentos infantiles, que falta hacían; también ha entrado mucho aceite de oliva virgen extra, a veces incluso en garrafas de 5 litros. En general, la gente ha sabido seleccionar los productos para la campaña, y ha donado un poco de todo.

LOS PEDIGUEÑOS DE LA PUERTA: por la mañana, una chica extranjera que pregunta cómo conseguir alimentos para ella. Le indicamos que debe dirigirse a una entidad social como Cáritas o Cruz Roja, que debe moverse. Por la tarde, una señora (la misma del año pasado), toda la tarde quejándose de que a ella no le corresponda ningún artículo de alimentación, habiendo tantos en el contenedor de la campaña. Tras los intentos negativos, se marcha antes del cierre del supermercado.

LOS BUSCADORES EN BASURA: Compran bolsas de plástico en el supermercado, al parecer para ir a recoger lo que ya está en los contenedores debido a su fecha de caducidad. Todo ello, a pesar de que está multado por ley. Es la otra gran recogida de alimentos, una operación pirata, indigna e ilegal, y no sé cuanto inevitable.

LOS PELIGROS: gente “conflictiva” (evito citar raza) que entra en el super a pedir, a exigir; grupos de niñatos que entran a comprar alcohol con agresividad, todo ello obliga a cerrar la puerta media hora antes del horario oficial.

LOS EMPLEADOS: son la cara amable de esta gran recogida de alimentos. Todos los años, terminamos conversando con ellos de su familia, de sus dificultades económicas, de sus duras jornadas de trabajo, etc., y descubrimos su gran humanidad y capacidad de empatía.

LOS VOLUNTARIOS: una legión de gente comprometida, que regala varias horas de su fin de semana para esta campaña. Son alegres, vitales y optimistas. Y son buenos observadores de la dura realidad social que nos rodea.

LA REALIDAD: el escenario de un supermercado es el espejo de la calle. Gente que trabaja o está fuera del mercado laboral, que vive más o menos bien, gente solidaria y comprometida o tal vez indiferente; pero también  gente que exige recibir de la sociedad porque sí, o que no puede traspasar la línea de caja porque lleva encima la suciedad de la calle. Y luego está la gente invisible -destinataria de esta campaña- que no puede permitirse el lujo de comprar en un supermercado.  En esta tienda está la realidad de la vida misma.

Terminó para nosotros la Gran Recogida de Alimentos 2014. Hemos superado la cifra del año pasado. Ahora comienza la tarea de clasificación y distribución que harán otros voluntarios. Solo pienso que estos alimentos irán a entidades tan solventes socialmente como Cáritas, comedores sociales, Cruz Roja, parroquias, etc. He visto el tipo de productos que hemos recogido y  –en general- estoy contenta de la calidad y variedad.

Confío en que se cocine con ellos, que se transformen en ricos platos que devuelvan la dignidad a ese millón de personas que tanto lo necesitan en España.

Tenemos un país para comérselo.