dieta y saludQuería terminar la ponencia de la doctora María José Santi en los cursos de verano de la Universidad de Cádiz, allá por julio pasado. Su exposición se llamaba “Dieta y enfermedad cardiovascular”. María José Santi es profesora titular de nutrición y dietética de la Facultad de Enfermería y Fisioterapia en Cádiz, y se centró en demostrar en base a estudios que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte, casi siempre en personas menores de 65 años. La alimentación –el patrón dietético de alimentación- reduce potencialmente los riesgos de ictus y enfermedades coronarias, según estudios. Por ello es importante modificar y adaptar nuestros hábitos de alimentación a la dieta mediterránea.

Por ejemplo, cada ración adicional de frutas y verduras reducen el riesgo de enfermedad coronaria en un 4% y en un 5% de ictus, por ser fuente importante de potasio. De ahí que se recomiende cada día comer al menos 200 gramos de fruta (2-3 piezas) y 200 g de verduras (2-3 raciones).

Pasa igual con el consumo de pescado, pues con una ración semanal ya se reduce un 15% el riesgo de enfermedad cardiovascular. Comerlo 2-4 veces a la semana reduce el riesgo de ictus en un 18%. Por ello, un pequeño aumento del consumo de pescado entre la población general podría influir muy positivamente en la salud pública, y un simple incremento en el consumo de pescado de 1-2 raciones semanales reduciría la mortalidad por enfermedad cardiovascular en un 36%.

El consumo moderado de alcohol muestra también un efecto protector contra la incidencia de enfermedad cardiovascular, siendo su nivel óptimo de ingesta de 20 g/día para los varones (2 copas) y para las mujeres 10 g (una copa).

En cuanto a las bebidas azucaradas, un consumo de 2 bebidas/día se asocia a un 35% más de riesgo en Enfermedad Cardiovascular para las mujeres. Además, el consumo de estas bebidas conlleva un mayor consumo de alimentos.

El consumo excesivo de carne roja es otro factor no aconsejable por el riesgo de enfermedades cardiovasculares, así como sí lo es el consumo habitual de aceite de oliva, como grasa saludable y protectora.

Para los investigadores, el reto necesario es trasladar las recomendaciones nutricionales a dietas atractivas, encontrando la manera de que las personas cambien hábitos alimentarios establecidos, consumiendo una dieta variada, basada en estos principios citados.

La doctora Santi es partidaria de pesar al enfermo que entra en consulta y estudiar su patrón dietético. Con ello, se podría actuar sobre la modificación de sus hábitos alimenticios, mejorando su salud general.