Cafetera2Me acaban de dejar nueva, nada como un buen metalistero.  Enseguida –ya en casa- he pasado por el fregadero, me han limpiado por dentro con un poco de vinagre, y luego me han probado en el fuego solo con agua, a ver qué tal respondía. Y resulta que sigo sirviendo para hacer café. Ahora me encanta mi aspecto.

No sé exactamente mi edad, pero debo rondar los treinta años, que no está nada mal. Sirvo para un par de tacitas pequeñas, nada más, pero tengo un porte chulísimo, y no han vuelto a fabricar un diseño como el mío.

He estado trabajando durante todo este tiempo en el desayuno casero de las mañanas, eso sí, muy temprano, y ya me estaba acostumbrando al horario madrugador, hasta que un día, al no poder sustituir mi goma interior, y comprobar que había perdido brillo, me reemplazaron por otra cafetera más moderna, guardándome en un rincón del mueble de cocina.

Pero yo seguía, allí, callada, esperando, sin hacer ruido, segura de mi atractivo decadente. Por fin, me llevaron al metalistero, que trabaja mucho para las cofradías de Sevilla por cierto, y sabe dorar, platear y dar baños de acero, cobre, etc., y me cogió con mucho cariño, tanto, que me ha devuelto mi pasado esplendor.

No soy más que una cafetera doméstica, para una-dos dosis, pero quiero aprovechar este ratito bloguero para contar que, la vida de un cacharro como yo va siempre paralela al de una familia, en este caso una persona aficionada al buen café.

He sido testigo de diferentes calidades de café en casa. He sentido sus aromas, sus texturas, sus composiciones, y todo ello sin decir ni pío. Hoy puedo declarar y declaro, que a veces los cafés dejan mucho que desear en calidad.

Soy una cafetera rehabilitada, que ha vuelto al trabajo, a pesar de mi prejubilación, a su tarea de siempre, orgullosa de volver a sentirme útil, de disfrutar con mi deber. Durante años he acompañado a mis clientes en sus primeras horas del día, cuando se disponían a comenzar una nueva jornada, llena de problemas, de ilusiones o desilusiones. Sé que su vida no ha sido fácil. Dicen que quien ama el café ama profundamente la vida. Doy fe.

Hoy me siento como una chiquilla, dispuesta a todo, vuelvo a tener una nueva vida.