La primera dama estadounidense Michelle Obama puso de moda hace algunos años el plato equilibrado, es decir, una fuente individual dividido en tres secciones –proteínas, verduras e hidratos de carbono- dónde cada una de ellas aportaba los nutrientes necesarios para la alimentación sana.

Es decir, esta señora –ante la epidemia de obesidad de su país- divulgaba la necesidad de comer de un modo sano (es decir, equilibrado, de todo un poco), además de reducir las raciones sobre todo para las personas adultas. Los platos de Mrs. Obama daban un mensaje de comer de un modo sensato. Pero no siempre el plato único lleva esta misma cualidad, es decir, no siempre es completo.

Por aquello de no comer demasiado, a veces limitamos nuestro menú a un solo plato. Tal vez consista la ración en un plato de legumbres, o de guiso, o de carne o pescado solamente, incluso una ración de verduras. Pero claro, ninguna de esas propuestas es la correcta.

Lo suyo sería un plato de potaje que llevara además de las legumbres un trozo pequeño de carne o pescado, además de abundante verdura. No obstante, ésta última es la única variedad del grupo de alimentos que puede permitirse el lujo de excederse en sus cantidades, salvo que su dosis llegue a limitar al resto de los alimentos. Cosas de los límites.

Por ello, me declaro defensora del plato único, pero eso sí, siempre que tenga de todos los grupos de nutrientes, algo así como aquellos platos combinados que hoy parece que ya no están de moda, al menos como título en los restaurantes.

Cuidemos la cantidad de lo que comemos, pero cuidemos sobre todo la variedad tanto en el plato, como a través de los menús semanales. Cambiemos de menús, es cuestión de organizarse y de planificar.

El plato de la imagen lleva de todo: espárragos salteados con taquitos de jamón ibérico, arroz cocido con tomate frito casero, y un tomate crudo aliñado. Completísimo.

Michelle Obama será todo lo pija que sea, pero en esto del plato ha estado muy acertada, sabiendo de su influencia mediática.