Han conservado su antiguo nombre, aunque tal vez hoy nadie las recuerde como tal, de lo mucho que ha evolucionado el comercio de la alimentación. Supongo que en tiempos, las mantecas y sus derivados fueron el producto estrella de estas tiendas. En Cádiz, a día de hoy, quedan solo dos: Miña Terra y El Bulevar, al menos en el casco histórico. Son tiendas tradicionales que lo mismo venden un tinto gran reserva a turistas gourmet, que le preparan un rico bocadillo de queso a los albañiles de la obra de enfrente. Son establecimientos centrados en la alimentación, pero en los mejores productos, los de siempre y los de ahora.

Una atención personalizada, donde te enseñan el producto, te lo describen, te hablan de sus cualidades, te lo comparan con otras variedades, y dónde tú puedes seleccionar con conocimiento de causa, todo eso es posible en las mantequerías.

Un palacio de todo tipo de legumbres, a granel casi siempre, con una selección por denominaciones de origen, por cosechas, por variedades o calibres;  un referente para los quesos nacionales, tanto de la comunidad andaluza como de los afamados manchegos, con su correspondiente opinión del vendedor; por no hablar de la mejor chacina, onubense y extremeña o de otros orígenes, perfectamente expuesta, conservada y loncheada.

En pocos sitios he visto cortar mejor el jamón, ofreciendo desde el de bellota puro 100% (cuyas marcas todos conocemos) hasta el más digno de bodega. Ver esas bandejas de jamón loncheado es un auténtico espectáculo visual y aromático.

Vinos de la tierra, con las últimas novedades del mercado, pero también los de Rioja, los espumosos, e incluso las cervezas artesanas que no paran de llegar….todo ello según se exhibe en los impecables mostradores.

La carne de membrillo de siempre, de Puente Genil, que solo verla da ganas de cortar y añadir al queso; los más ricos patés, las más conseguidas conservas de todos los precios, los más selectos aceites de la temporada, y la joya de la corona: el bacalao de primerísima calidad.

Las mantequerías –o como vayan a llamarse- son un regalo para la vista y para el gourmet aficionado. Son muchos los turistas que se acercan a estos sitios buscando llevarse a casa los mejores productos de la tierra. En tiempos estas tiendas fueron “proveedores de buques”, lo que les confería gran prestigio y garantía de calidad.

Lugares donde se prioriza la calidad, la variedad, el origen, lugares dónde el vendedor sabe lo que te está vendiendo y dónde saben manejar la mercancía con total garantía y profesionalidad. Tiendas en las que los proveedores siguen siendo los mismos, los mejores de España en calidad, y tal vez no en puro marketing.

Comprar unos garbanzos aquí puede ser un ejercicio de placer gourmet, sin tener que dejarnos una pasta. Por cierto, también la pasta tiene aquí una variedad increíble.

Voto por las mantequerías. Da gusto poder llevarte productos selectos, sanos y de garantía a casa, porque sabes de dónde son. Y suponen una excelente opción para regalar buena gastronomía a familiares y amigos.

Los centros comerciales –incluso los de primerísima división, supuestamente- están fallando en sus ofertas. Están dejando de traer primeras marcas, que todos conocemos, bajo diferentes pretextos. En las mantequerías siguen teniendo las mismas referencias.

En fin, invito a invertir un poco de tiempo en este tipo de compras, a conocer las marcas españolas de verdad, sus historias, y el trabajo que hay detrás de todos estos productos artesanos y tradicionales.

Estas tiendas eran antes las del barrio, hoy quedan pocas, son un estilo comercial a extinguir, aunque hoy están muy de moda.

(Miña Terra está en la calle Cristóbal Colón, y El Bulevar en la calle Valverde).