jarrillo de lataUn hallazgo en esta cocina. Estaba colocado al final de uno de los muebles, casi ni se le veía al pobre. Callado, esperando años a ser descubierto de nuevo. Ni se sabe cuando trabajó por última vez. En la reciente limpieza pre veraniega, fue arrastrado a la superficie de la encimera. El jarrillo de lata, versión siglo XXI, sigue siendo útil en todas las labores culinarias. A ver qué nos puede contar este simpático jarrillo, famosísimo en la pequeña historia doméstica.

Muy buenas: Comeencasa quiere saber algo sobre usted….

Bueno, es que lo mío no es contar cosas propias, no me gusta hablar sobre mí. Ni facebook tengo…y suelo pasar desapercibido. Con la de trabajo que tengo en la cocina, no puedo permitirme colgar pamplinas en la red. Solo sé que he estado en el paro muchos años y que ahora han vuelto a contratarme.

Pero al menos díganos sus orígenes….

Tengo unos veinte años más o menos. Me compraron en un bazar en Sevilla, el Bazar Victoria, de apariencia antigua pero que tiene de todo, incluso los chismes más modernos de cocina. Y la verdad es que no sé por qué, me guardaron en un rincón oscuro de los muebles bajos y…hasta este verano. Me defino como un elemento paleococinero…..vamos, que soy más antiguo que el hilo negro.

¿Cuál es su capacidad?

Puedo contener medio litro más o menos de líquido. Mi tamaño es el ideal. Además soy irrompible, indeformable, y aguanto todas las temperaturas, de frío o de calor. Soy la leche.

¿Y cómo lleva eso de ser el más apañao?

Porque sirvo para todo. Añado agua al guiso o al potaje, o también el caldo de pescado o verduras cuando hace falta. También proporciono la leche a la bechamel de las croquetas. O incluso el vino o el brandy para aromatizar estofados en las cazuelas. Puedo con todo, mire usted. Pero lo del apañao me lo dicen porque mi prototipo sirvió para llevar café caliente o té a muchos trabajadores en tiempos proletarios (no muy distintos a los de hoy); y también serví como utensilio imprescindible de subsistencia para los exploradores, montañeros o aventureros del far-west o de grupos de scouts. También sirvo para añadir agua a la plancha. Como verá, he tenido muchas vidas. Hoy, pertenezco a la cocina del siglo XXI, la más limpia que he conocido nunca.

¿Y qué hace un jarrillo como usted en una cocina como ésta?

No crea, no desentono en absoluto aquí, aunque no haga juego con el resto de la batería o de las sartenes. Al contrario, le doy un toque “retro”. Piense que Charo es bastante conservadora con los chismes de su cocina (con otras cosas no tanto). Creo que es de las pocas personas en España que no ha ido nunca a Ikea. No le gustan los grandes centros comerciales. Por eso aprecia mucho los cacharros antiguos, clásicos, los que según ella llevan un mensaje sentimental o de utilidad del pasado. Yo he dejado mi vida anterior de aventuras y ahora asisto a la cocción con vitrocerámicas, robots y esas cosas….los tiempos cambian.

Ahora que está otra vez en activo….¿tiene algún plan?

Bueno, con el jaleo que hay en esta cocina, estoy seguro de que no me aburriré nunca. Agua, caldos y vinos serán mi contribución a estas faenas. Eso significa que siempre estaré cerca, en alerta por si acaso, en espera, sin relajarme, que puede quemarse el guiso. Represento la ayuda auxiliar y urgente en la cocina. Soy lo más sencillo, lo familiar, el control que tiene y debe tener el cocinero sobre los procesos que se dan en directo sobre el fuego. La cocina exige mucho pero no requiere tanta sofisticación como se cree.

¿Pero los vasos no le ponen mala cara? Al fin y al cabo, les está quitando trabajo….

¡Qué va! los vasos de esta cocina tienen mucho glamour, y eso de tener que estar ayudando a añadir líquidos no les hace mucha gracia. Ellos piensan que tienen otras funciones más sofisticadas. Lo suyo es trabajar en la mesa, con los comensales, con buenas cervezas y vinos, no en las labores previas, que eso sí es cosa mía. En la cocina siempre ha habido clases. Por eso yo nunca salgo de allí. Soy un subalterno, un peón. Y mi jornada acaba cuando se apaga el fuego.

¿O sea, que usted está contento con su vida?

Pues mire usted: sí y mucho. Es que yo trabajo de lo que sé hacer. Mi función es de jarrito de lata, nada más y nada menos. Soy casi una especie a extinguir, pero también un instrumento multiusos, que seguirá siendo famoso mientras la frase….”eres más apañao que un jarrillo lata”, -o de latón- aparezca en la Wikipedia. Pero ¡ojo! no sirvo para el microondas.

Pues nada, felicitarle por su vuelta al trabajo, o sea, un parado menos. ¡Ninguna cocina sin su jarrillo de lata!