276675_114020462119_4224221_nTraigo aquí noticias breves –unas más que otras- pero todas interesantes para este blog según mi criterio. Están relacionadas por supuesto con la alimentación y la salud, y vienen avaladas por estudios científicos de distintas universidades. Espero que os sean de utilidad. Sus fuentes son solventes por lo menos, y eso lo deberíamos exigir en cualquier información sobre estas cuestiones.

Mucho tomate: una dieta rica en tomate ayuda a proteger del riesgo de cáncer de mama, por su efecto positivo en el nivel de hormonas que regulan el metabolismo de la grasa y el azúcar. Además, se subraya que este riesgo aumenta con el mayor índice de masa corporal. El estudio es de la Universidad de Rutgers, en Newark, Nueva Jersey, USA.

Sin prisas al comer: los expertos siguen insistiendo en darle el debido tiempo a la comida. Según las investigaciones, (Universidad Cristiana de Texas, USA), se comprobó como la velocidad de la alimentación afecta a las calorías consumidas durante una comida, sean individuos de peso normal como con sobrepeso u obesidad. Además, hay datos sobre la sensación de hambre y saciedad antes y después de las comidas, según el ritmo lento o rápido. Sin limitación de tiempo, tomando bocados pequeños, masticando a fondo, haciendo pausa y dejando la cuchara entre bocado y bocado, se ingieren menos calorías.

Ritmo circadiano según alimentación: quiere esto decir que los hábitos alimentarios influyen en procesos habituales del organismo, alterando nuestro reloj biológico (estudio de la Universidad de Yamaguchi, Japón). La insulina (a través de los alimentos) ayuda a que el reloj del estómago se sincronice con la hora de comer. El reloj biológico o circadiano interno influye en las horas de sueño, los tiempos de alerta o el momento de ciertos procesos fisiológicos, con la máxima o mínima expresión de genes en el momento adecuado del día. Y la desincronización crónica entre ritmos fisiológicos y ambientales disminuye el rendimiento fisiológico y conlleva riesgo de diversos trastornos (diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos del sueño y el cáncer”.

Revisión de los aditivos alimentarios: Hasta el 2020 la Comisión Europea volverá a evaluar los aditivos alimentarios utilizados actualmente (según Consejo Europeo de Seguridad Alimentaria). Estas sustancias –que no son alimentos en sí- son habituales y necesarias como antioxidantes,  conservantes y mejoradoras del aspecto de los alimentos. Se van a reevaluar sistemáticamente todos los aditivos de uso autorizado antes de 2009, para que sean analizados a la luz de nuevas investigaciones científicas. Esto quiere decir que tal vez se prohíba el uso de algunos aditivos autorizados habitualmente en la industria, o bien se restrinja su ingesta.

Comer distinto en verano: con los mismos macronutrientes, pero adaptado a la estación. Más hidratación, beber más agua –a menudo-, o tomar infusiones o zumos o gazpacho (lo mejor). Tomar más frutas. La vitamina A se encuentra en los alimentos de origen animal, los ácidos grasos insaturados en el aceite de oliva, la vitamina E está en los aceites vegetales de fruta verde, frutos secos, etc. La vitamina C es antioxidante, y la tenemos en frutas y verduras (artículo de Silvia Navarro, ingeniera agrónoma especialista en industria alimentaria).

Kilos por estrés: Según un estudio de la Universidad de Ohio, USA, el estrés y la depresión se están asociando desde hace mucho a un mayor riesgo de obesidad. Estos trastornos mentales alteran el ritmo al que el organismo puede procesar los alimentos grasos, por lo que el cuerpo recibe un impacto en lo emocional sobre el metabolismo. Esto justifica que en tratamientos de adelgazamiento sea necesaria la ayuda de psiquiatras y psicólogos.

Pd: no he sido capaz de encontrar algunas de estas noticias en internet, de ahí que haya utilizado la prensa en papel.