UCA ARANCETA2Madrid, Gerona y Oviedo son las provincias con menores indicadores de obesidad en España según estudios, y por tanto mejores en salud. Al otro lado se situarían las comunidades de Andalucía, Murcia y Canarias. La obesidad se da sobre todo en chicos menores de 35 años y en chicas mayores de 35. A menor nivel cultural y económico, mayor obesidad. Y sobre todo, cuenta el nivel de instrucción de la madre. Son conclusiones expuestas por el doctor Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, en los cursos de verano de la UCA.

Es cierto que hay diversos factores relacionados o no con estilos de vida que condicionan la existencia de obesidad a lo largo de la vida: el peso al nacer (si supera los 3,500 kg), la ausencia de lactancia materna, la ingesta de grasa por encima del 38% de las calorías diarias, las malas costumbres en consumo escolar (bollería, no frutas y verduras, sedentarismo….).

Pero en dietética no hay que despreciar los pequeños aumentos o ahorros en ingesta o gasto energético, como pueden ser las 100 calorías diarias de un simple pastelito, que en un año pueden suponer unos 3 kg. de media.

Para perder peso hay que proponerse objetivos realistas; se trata de pérdidas pequeñas, 500 g al mes por ejemplo. No hay que correr para perder peso. No eliminamos todo de lo que consumimos, y ese sobrante se manda al sistema adiposo (grasas y depósitos de toxinas desechables). Se suele llamar agresión metabólica.

Son malas las oscilaciones constantes de peso, el comer entre otras productos energéticos (las barritas para control de peso no son nada educativas). Otra cuestión es no recomendar dietas a nadie. Debería ser el médico o el nutricionista quien estableciera las pautas de alimentación para cada persona.

El sedentarismo es el mayor aliado de la obesidad. En USA ya han fijado como límite de televisión dos horas diarias, lo que supondría realizar otras actividades con un gasto de 800 calorías diarias más. Además, los anuncios publicitarios ofrecen productos compensatorios muy calóricos que producen el deseo de consumir con vehemencia.

Los componentes alimenticios se clasifican en perjudiciales (exceso de calorías, grasas saturadas, sal, hidratos de carbono refinados, alcohol en exceso, etc.), y protectores (dieta mediterránea, pescado, frutas, verduras, aceite de oliva virgen extra y vino, etc.).

En cuanto al consumo de alcohol, si no se bebe, no se debe empezar a beber. Y en caso afirmativo, hay que hacerlo con moderación, con dos copas de vino al día en comida, sobre todo los mayores de 40 años y hombres.

Hay una serie de cambios inmunológicos relacionados con la obesidad, que demuestran que el centro modulador es el intestino. Todo lo que comemos pasa por él, dónde se encuentran bacterias que también se alimentan, y que deberían ser “gestionadas” de modo conveniente.

Se está relacionando últimamente a los lácteos con enfermedades inflamatorias en algunas personas. Por ello, en caso de duda, lo mejor es probar a no tomar lácteos en un mes, y si se ve mejoría en los síntomas, se confirmaría la teoría. De ahí la tendencia a evitar lácteos en los adultos. El queso fresco o requesón, con un 3,5% de materia grasa (poco), se digiere bien y aporta calcio y proteínas, y es vehículo de otros nutrientes. La leche de vaca a veces no es digestiva, y hay que tener en cuenta que hoy los animales no comen lo mismo que antes. Por ello, puede sustituirse la leche por soja, arroz, quinoa, cebada y yogures. La levadura de cerveza es muy buena, y consumir 5-7 nueces diarias para el corazón es una gran idea.

Y por último, el profesor Aranceta habló de los dos millones de niños que –según estimaciones- no tienen recursos para hacer una comida al día. Es la otra cara de la moneda de la obesidad y el sobrepeso. Y recordó que con cuatro euros al día se puede alimentar muy bien a un niño. Todo depende de llevar a cabo una buena gestión de este problema. De lo contrario, se dará una generación marginal, con malnutrición silente. España es un país solidario y aquí hay suficientes alimentos para todos.