Javier Aranceta copiaUna vez tomada la decisión de ponernos a dieta –hipocalórica por supuesto- para perder algunos kilillos de más, todos sabemos lo difícil que es mantener la constancia de un nuevo estilo de vida o de comer, para que la báscula sea testigo del peso que se queda por el camino. Pero también es verdad, que aquí las prisas son malas consejeras. Lo dicen todos los médicos y expertos nutricionistas, que hablan de auténtica agresión metabólica la de algunas dietas milagro, y que además siempre devuelven más kilos de los perdidos.

Hay que adelgazar lento y muy poco a poco, para que el cuerpo solo note la pérdida al final del proceso, sin darle tiempo a que tenga reacciones de protesta, que podrían interferir en nuestros planes, cuando ya esté hecho el trabajo. De este modo, le evitaremos traumas. Al fin y al cabo, nuestro organismo es el campo sobre el que se experimenta este cambio, y por ello es el más beneficiado o perjudicado, según los casos.

Esta sugerencia de perder peso con discreción y lentitud, nos la ha sugerido esta mañana en su ponencia el doctor Javier Aranceta Bartrina, profesor de Nutrición Comunitaria, Nutrición Humana y Dietética, de la Universidad de Navarra, y presidente además del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Su exposición se tituló: Alimentación, obesidad y síndrome metabólico, y estaba incluida en la 65 edición de los cursos de verano de la Universidad de Cádiz.

Aranceta ha puesto como ejemplo de referencia el perder ½ kilo al mes, pero mantener esta tendencia en el tiempo, mediante pequeños cambios en nuestro estilo de vida, en nuestra alimentación (eliminar aquellas calorías de más), hacer más ejercicio, etc. Quitar el pastelito de encima del almuerzo o de la cena suponen 100 kilocalorías menos, que, poco a poco y mantenidas en el tiempo, pueden suponer 3-4 kilos menos en un año.

El ponente insistió en que al perder kilos muy rápidamente –como buscan las dietas milagro- , el cuerpo tiene que eliminar también una serie de bacterias que tiene almacenadas y que deberían salir de nuestro organismo con lentitud para no perjudicar nuestro metabolismo.

Está demostrado que un solo kilo menos produce una gran rentabilidad en la salud (niveles de colesterol, mejora tensión arterial, calidad del sueño, y mayor estabilidad emocional).

Eso sí, estamos hablando de los dos-cinco kilos de más que podamos tener. Para perder más peso, sería preciso acudir a un médico que controle todo el proceso.

En resumen, la tarea de ponernos adelgazar debería ser constante y rutinaria, sin prisas, sin grandes cambios en nuestra conducta, sino pequeños gestos diarios que mejoren nuestra forma de vivir, via alimentación o via ejercicio físico, y que de este modo podamos ir asumiendo progresivamente y se consolide en el futuro.

En unos tiempos en los que queremos todo hecho al instante, este argumento del Dr. Aranceta, me ha convencido. ¿Y a vosotros?.