Santa Cueva1Adoro Cádiz, la ciudad en la que nací y de la que siempre me acompaña su olor especial: una mezcla de brisa limpia de mar y de humedad añeja acumulada en los materiales de sus casas. Cuando los viernes santos asisto en la Santa Cueva al tradicional concierto de “Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz”,encargada a Josep Haydn, vuelvo a sentir el olor a viejos suelos y paredes,  junto a bellas y elegantes piedras que exhiben su antigüedad contemporánea, la del siglo XVIII, etapa que casi podemos tocar los que hoy poseemos el tiempo. Entonces  siento que llevo muchos años estando allí, en el Oratorio de la Santa Cueva, una joya escondida en Cádiz, y desconocida para muchos.

El pasado sábado pensé que ya me tocaba visitar el Oratorio, siendo además un dia de puertas abiertas con motivo de la festividad del Corpus. El templo es propiedad del Obispado de Cádiz y es tal vez el mayor tesoro de la ciudad. Se encuentra en pleno centro comercial, en la calle Rosario y colinda con la parroquia del mismo nombre. La Santa Cueva exhibe en su fachada una pintura reproducción de la Virgen del Refugio, obra de Franz Xavier Riedmayer, que plasma los auténticos rostros de los personajes más notables de la ciudad en la época. Estamos hablando de 1796, del siglo de oro gaditano, aquel que nos hizo grandes. El cuadro original se encuentra en la propia sacristía del templo.

Muchos años estuvo cerrado el Oratorio hasta que fue sometido a unas respetuosas obras de rehabilitación hace unos 20 años. Se compone de una capilla baja o subterránea, dedicada a la meditación de la Pasión de Cristo, que con paredes desnudas aloja sus correspondientes bancos junto a un gran Calvario como único conjunto monumental. La capilla alta es un bellísimo y lujoso homenaje al Santísimo, de estilo clasicista o neoclásico, que, junto a pinturas y valiosos objetos sagrados, lo convierten en un templo muy singular, que conserva además su estado original sin apenas modificaciones por obras. Viendo la gran diferencia entre ambas capillas, se entiende que al visitante se le aconseje empezar su visita por la capilla subterránea, la más austera.

Santa Cueva2Como era de esperar, al estar dedicado a la adoración y ejercicios de piedad en horas nocturnas, el lugar estuvo vetado a las mujeres. Creo que de ahí viene mi fascinación por el Oratorio. Allá por 1730 un grupo de varones devotos se reunían la noche de los jueves para rezar en una casa particular, que por su ubicación, levantó murmuraciones en la ciudad. Por ello, el obispo les procuró un lugar en la parroquia del Rosario para poder llevar a cabo sus piadosas actividades, dónde estuvieron hasta 1756. Pero unas obras en el lugar provocó que una de las bestias cargadas de escombros se hundiera, apareciendo entonces un subterráneo o cueva de forma cuadrangular, que por su idoneidad, se solicita y se acondiciona, manteniendo la comunicación con la parroquia. Esta Santa Cueva se adorna con un altar pequeño y un calvario, algunos bancos y una mesa para el director de los ejercicios, que se practicaban los jueves santos y vísperas de San Juan, San Pedro y Todos los Santos, además del Rosario diario, lectura espiritual, meditación y algunas preces.

Hasta que aparece en escena el padre José Saenz de Santa María, nacido en Veracruz en 1738, hijo de acaudalado comerciante de Indias. Fue director espiritual del Oratorio por indicación del obispo Fray Tomás del Valle; y mecenas de él por herencia de fortuna y título de Marqués de Valdeíñigo, a causa del fallecimiento de su padre y de su hermano mayor sucesivamente. El padre Saenz de Santa María invirtió toda su fortuna y bastante más en la ampliación y embellecimiento de la Santa Cueva, contratando a los mejores artistas de la época, entre ellos el arquitecto Torcuato Cayón, nuestro pintor Goya o el músico Joseph Haydn. Con tan buena dotación, el Oratorio se convierte en un bello lugar de cultos y meditación, y el mejor ejemplo del Cádiz más floreciente en economía, arte y apertura intelectual, gracias a la riqueza que trajo el comercio de Indias, gestionado por la Casa de la Contratación, y que se traslada a Cádiz desde Sevilla en 1717.

Santa Cueva3Mi visita al Oratorio fue al más puro estilo más gaditano: encontré en la capilla alta a un guía voluntario del Obispado, que con gran amabilidad estaba instruyendo sobre las características excepcionales del templo, junto a un jubilado estudioso del arte en Cádiz, y una pareja forastera experta en arquitectura militar. Me incorporé al grupo y empecé a contar también mis pobres conocimientos sobre el lugar, lo que convirtió el recorrido por el Oratorio en una excelente puesta en común sobre la esencia de esta joya gaditana, cuyo altar tiene formato de tabernáculo, al más puro estilo neoclásico gaditano. Sugiero acudir al experto historiador de arte Lorenzo Alonso de la Sierra y al archivero de la catedral Pablo Antón Solé, que escribe del “importante programa dogmático, ascético y místico, contrarreformista en el contexto contemporáneo de la Ilustración” que supone el Oratorio de la Santa Cueva, junto a su gran significado de la Pasión de Cristo: la capilla baja refleja la penitencia, la redención; y la alta sugiere con su lujo y brillo el triunfo de la gloria de la Eucaristía. Cádiz aquí quiere respirar el arte más italiano.

No podemos olvidar los valiosos cuadros semicirculares al óleo que atesora el Oratorio, poniendo como ejemplo sus tres Goyas (El convite del padre de familias, El Milagro de los panes y Los peces y La Santa Cena). El pintor aragonés visitó Cádiz al menos en tres ocasiones. Otros lienzos pertenecen a los autores Zacarías Velázquez y José Camarón Bononat). El Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz es un lugar especial para la contemplación y la meditación espiritual, evocando un estilo de vida y de mentalidad abierta y cosmopolita, con una estética ciertamente universal. Repito que el lugar me sigue fascinando, porque me transporta a un siglo XVIII gaditano en el que sitúo a mis antepasados con sus nombres, mi apellido y oficios en el árbol genealógico familiar, hombres y mujeres propios del tiempo que les tocó vivir, y que al llegar desde Italia a esta ciudad, tuvieron la suerte de conocer un siglo de altura no solo económica, sino cultural y elegante, del que me siento muy orgullosa.

Para mí,  el Oratorio de la Santa Cueva es la joya escondida del mejor Cádiz.