Mi hijo vive laboralmente en un pueblo cercano, a 500 km. de distancia, de Las Vegas (Nevada, USA), que según los americanos eso es estar al laito mismo. La foto es suya, como testigo consumidor de un plato de papas con carne de buey americano, hecho en una olla programable durante el fin de semana en Las Vegas, para lo que viajó esos 500 km. La imagen ha viajado mucho más, gracias a la velocidad y agilidad del Facebook. La presentación no es precisamente de diseño, a falta de un modelito más estiloso de vajilla de La Cartuja o incluso de IKEA, pero bueno, es una receta sana, made in USA y eso ya es más que suficiente. Papas con carne de Las Vegas, al estilo del mejor CSI de mi querido Grissom.

Además de la carne de buey que, según me dicen, allí es de muy buena calidad, lleva cebolla, pimientos y champiñones, junto con un vino blanco del lugar.

Por lo visto hay que cocer la carne primero a presión, y luego se guisa con el resto de los ingredientes, para cortar inmediatamente la cocción con hielo. Todo ello en una olla programable. Ustedes perdonen la escasez de explicaciones, pero es el primer reportaje que me envía este corresponsal, con una importante diferencia horaria: nueve horas, o sea, que cuando nos levantamos aquí, ellos están acostándose.

Siento no poder darles más datos. Por ejemplo, el origen de las papas, aunque supongo que no serán de Sanlúcar, ni de los pimientos que intuyo que no son los cornicabra; y tampoco puedo facilitarles la referencia del vino blanco, que no sé si será de los viñedos de la Ángela Channing de Falcon Crest. Y en cuanto al buey, no me han dicho si se crió en el rancho del Bush…. en fin, solo me apetece que vean la foto y que saquen conclusiones sobre su delicioso sabor, según me aseguró el corresponsal. Afortunadamente, en cualquier sitio del mundo se puede comer bien, siempre que sean buenos los avíos y se ponga cariño en la cocina.

Pero si el hijo de una bloguera de cocina se come en el estado de Nevada un plato como éste, al parecer riquísimo, se trata de un triunfo de la cocina al otro lado del atlántico. Mi hijo dice que existen allí multitud de tiendas de productos orgánicos para cocinar  sano y sabroso. Pues mejor aún.

El caso es comer bien.

(Por cierto, hasta allí ha viajado también mi libro-recetario Los Lunes, Lentejas).