Sigo leyendo –aunque sea a ratos- el interesantísimo libro “Consume y calla”, de Ana Isabel Gutiérrez Salegui. En esta obra hay muchísima información relacionada con las estrategias de los fabricantes de productos alimenticios en su objetivo de crear mercados. A pesar de la actual regulación de la publicidad a la que deben someterse, los productores buscan la trampa, jugando con las palabras, los titulares, los ingredientes, los mensajes de salud, etc., que despistan al inocente consumidor. Estas empresas  -la mayoría son muy influyentes- tratan de vendernos cosas de toda la vida como si fueran descubrimientos recientes, a base de cambiar de nombre los conceptos en los envases. “Consume y calla” lo analiza con contundencia.

Alimentos con bacterias: esto sería percibido por el consumidor como algo negativo. Sin embargo, se publicita bajo el nombre de lactobacilos (o bacilos de la leche), por aquello de que es un organismo vivo. Es decir, que hay palabras que se evitan en publicidad.

Alimentos naturales: se suponen que lo son solamente aquéllos que vienen directamente del campo: sin congelar, procesar o conservar. Como por ejemplo los que se venden en las fruterías o en las pescaderías de fresco. No obstante, son muchos los productos que llevan el reclamo de la palabra natural en la etiqueta de su envase en los supermercados. Un pequeño timo.

Alimentos con los conservantes E: estas letras seguidas de tres cifras tienen fama de cancerígenas. Pero a veces los comerciantes los sustituyen por sus nombres correctos, porque tienen mejor imagen. Así, suelen aparecer en las etiquetas, como bicarbonato sódico o amónico, que son lo mismo, pero que pasan desapercibidos.

Alimentos con vitamina A o retinol: anunciarse como que está enriquecido con tal o cual vitamina es un mensaje muy atrayente, pero resulta que esas sustancias tan bien vistas y acogidas tienen otro nombre que no les interesa etiquetar. Además, esas vitaminas se encuentran en los alimentos básicos de diario, por lo que no haría falta gastarse ese dinero exta para conseguirlas.

Alimentos naturales = sanos: este mensaje es puesto en evidencia por los científicos. Concretamente, muchas hierbas comercializadas en herboristerías, interactúan con determinados medicamentos. Es decir, natural no significa sano por definición, o al menos en un término universal.

Aceites vegetales: se suele creer que todos los aceites vegetales son saludables. (Las grasas animales tienen mala fama). Y ¡ojo! El aceite de palma es de los más dañinos, siendo vegetal 100%. Es cuestión de leer las etiquetas de los ingredientes en el envase, seguramente con la ayuda de una lupa.

Y por último, la autora, Ana Isabel Gutiérrez Salegui, llama la atención sobre el lenguaje utilizado en las marcas de determinados productos: eufemismos, asociación de ideas, mensajes, slóganes, etc., nada escogido al azar según ella, pero que juegan al despiste con el consumidor.

Consume y calla es un libro muy eficaz para aclarar y aportar toda la información que necesitamos como consumidores. Nunca ha habido tanta información sobre alimentos y nutrición, pero nunca ha habido tanta confusión.

Está claro que hay que consultar al experto, al técnico, y nunca al anunciante.