Fino en rama, manzanilla de feria sevillana y ahora blanco. Esta semana va de vinos. Eso sí: todos en distintos ambientes, porque un bloguero que se precie debe postear bien en cualquier campo. Si uno fue en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, con salones del 29 y chaquetas de lino de marca, ahora ha sido en un entorno beduino, que para los de fuera de Cádiz, dícese de toda aquella persona o cosa que nazca o viva fuera de las murallas de Cádiz, en Puerta Tierra, y que en la antigüedad se llamó Erithea, por cierto. En un ultramarinos-fusión o tienda polivalente y autóctona –José Tinoco, calle Marianista Cubillo- se presentó ayer tarde un vino blanco chiclanero, Matalian, distinto a lo conocido por esos pagos, obra de las Bodegas Collantes, y producto de la ilusión y el cuidado de su gerente, Primitivo Collantes, que lo ha conseguido y bien, junto a su enólogo Ramiro Ibáñez. La presentación se hizo con la participación del blog Túbal (Pilar y Juan Antonio), que también formaron parte del proceso del vino,  y estuvieron en ella conocidos blogueros gaditanos de intramuros, extramuros y la bahía.

Pero debo centrarme en el vino, el protagonista de la tarde. Matalian, de uva palomino fino, viene con el deseo de sacarnos una sonrisa. Para eso está la amabilidad de buena vecindad de los caldos chiclaneros, de menos seriedad que sus primos los jerezanos. Matalian puede acompañarnos en el tapeo con embutidos y en los platos de pescado o guisos de caza. Un vino que puede llegar a hacerse imprescindible en nuestras ventas gaditanas, por su aroma, suavidad y frescura. Un vino que nos puede facilitar la sonrisa del encuentro y la amistad.

Juan Antonio Mena introdujo el acto de presentación, comentando que este vino ya se había elaborado hace más de 40 años en las Bodegas Collantes, pues apareció allí una partida de varias botellas, que conservaban todas sus propiedades. Hecho que influyó en la decisión de volver a elaborar este vino. A partir de entonces, selección de la viña dentro de la parcela (la de mayor concentración de carbonato cálcico), expurgo, maduración, entrada en bodega, prensado….. y para finalizar con el diseño de la etiqueta y el proyecto de Matalian puesto en el mercado.

Primitivo Collantes –orgulloso lógicamente de su vino-hijo- , se refiere a él como un producto cercano a la gente, que le ha servido para investigar, indagar y buscar la diversión. Con procesos cuidadosos, vendimia manual (todos los vinos de Collantes lo son), ha sido ésta su mejor selección, en tierra albariza 100% de Chiclana, que además absorbe bien la humedad. Tras la vendimia, la uva se procesa antes de 12 horas del desfangado, evitando así que se enturbie, quitando restos de hollejos e impurezas. La fermentación a 12º, hace que afloren los aromas primarios que tiene el vino blanco en un complejo proceso. Matalian empezó su vida al final de la época de vendimia, lo que le ha permitido conservar mejor sus fragancias. Los últimos pueden ser los primeros. Desde enero está embotellado.

Amarillo pajizo con matices esmeraldas. En nariz a copa parada: pera de agua, coco y miga de pan; y con agitación: cáscara de limón, menta y níspero. Y en boca, entrada muy suave, untuoso, buena densidad, acidez media y buen amargor. Matalian asombra por sus aromas.

Hasta aquí la presencia del vino y su bodega, con un brillante porvenir gaditano y exterior sin duda. Y a partir de aquí, otros elementos adicionales que enriquecieron el acto y que iré presentando en las siguientes líneas:

El dios Baco (el actor/historiador Sergio Torrecilla) glosó las virtudes del Matalian, ataviado de romano y coronado de laurel. Nos hizo reír y recordar que estamos en Cádiz.

José Tinoco (portador de montaditos denominados “cañoneros”, de alta intensidad en contenido chacínico, pero con el pan justo). Lo recomiendo.

Herpac: que nos impresionó con sus conservas. Las ricas hamburguesas de algas (gaditanas, de Suralgae) son de Los Gazules.

Manolo León, que acudió con sus vinos romanos: Mulsum y Antinoo (Se sabe que por esta zona de Erithea hubo algunos “chalets” de patricios de Roma.

Y como colofón final, nuestra amiga Mar Varela, aportó su creación de Matalian en tarta fondant: una tarta con bizcocho de chocolate relleno de crema de chocolate blanco. Una pasada. Mar es nuestro orgullo de moderna creatividad.

En resumen, una presentación “beduina”, por sencilla y amigable, sin soleras rancias, pero que tuvo todos los ingredientes de un discreto evento de éxito: un buen vino, buena comida, un buen anfitrión y una excelente compañía. Del hotel de cinco estrellas de lujo a la tienda de comestibles reconvertida, pero con todos los dioses de la buena degustación.

Y la mejor noticia: Matalian entra bien y se porta muy bien en nuestro organismo, dejando un buen recuerdo de amistad y de bienestar. Gracias al blog Tubal por la organización, y enhorabuena al joven Primitivo Collantes por este hallazgo de vino blanco trabajado y mimado que nos está envolviendo a todos, sacándonos una sonrisa.