Mi cocina sigue siendo el lugar más dinámico de la casa. A la cantidad de cacharros que tengo –porque siempre voy añadiendo novedades-  tengo que añadir los últimos regalos que he recibido de amigos y parientes. Parecerá una frivolidad bloguera, pero la verdad es que disfruto mucho con todos estos chismes, que unos más que otros van a intervenir en el proceso de preparar la cocina o bien en el de servirla en la mesa. Los he fotografiado y hago una breve presentación de los susodichos artilugios, por si os puedo dar un poco de envidia:

Mortero tallado: es de madera de castaño. Me lo trajo Rocío de un pueblo de Cantabria, llamado Bárcena Mayor. El artesano vendedor del mortero aseguró que además de quedar muy bien para decorar, servía para hacer los majados correspondientes. Yo creo que decía la verdad. Lo tengo colocado sobre la campana de la cocina y ahí queda fenomenal.

Dos jarritas lecheras de porcelana de los años 60. Los colores son muy discretos, y estaréis conmigo en que no se ven pasados de moda. El verde me lo regaló mi tía Manoli hace como diez años, y el amarillo lo tengo hace poco, después de su muerte. Los jarritos son ideales para la leche del desayuno, y el diseño que tienen me encanta.

Besuguera de lujo: es de alpaca plateada, con incrustaciones doradas sobre la tapa. Me la dio mi hermana Manoli –que tiene bastante buen gusto- y la verdad es que prefiero tenerla de adorno a guardada en algún mueble, sin perjuicio de usarla cuando venga al caso. Es de forma ovalada y mide  38 cms. de largo sin contar las dos asas. Es una pieza señorial para una mesa con clase.

Una nueva talega para el pan: ésta la compré por 2 euros en un mercadillo solidario de una congregación religiosa. La vi y me gustó. Es de ganchillo, tiene un forro de raso y con la cinta fruncidora haciendo juego. Ya sabéis que las talegas de pan son mi debilidad; las tengo de toda clase de telas, colores y tamaños, según la pieza de pan que necesite guardar. Y ésta ha sido mi última adquisición para mi colección taleguera, fruto de mi querido Club de la Talega.

Hasta aquí esta entrada a modo de blog del corazón. Está claro que a los aficionados a la cocina o al buen comer, este tipo de regalos o adquisiciones, siempre les viene bien, porque hermosean y animan el paisaje de las recetas y las cacerolas. Hoy os he puesto al día.

Hasta mañana.