Me regalaron tres alcauciles –variedad romanos- de color morado, preciosos. Eran de Conil, la huerta de la provincia de Cádiz. Y luego, ya en la cocina, pude comprobar lo tiernos que eran y el juego que daban en la cacerola. Así que me decidí por guisarlos con patatas, en un plato de cuaresma como los de antes. El resultado: excelente.

Ingredientes (tres personas): dos cebollas grandes, tres alcauciles, aove, sal, laurel, vino blanco de Chiclana (Collantes), un poco de agua, guisantes naturales, y dos patatas medianas.

Primero hay que pelar los alcauciles, quitándoles las hojas más duras, y quedándonos con el corazón. Con las hojas duras se hace un caldo aparte.

Pelar las cebollas y picarlas, sofreírlas en un perol a fuego medio durante unos diez minutos, añadiéndole el vino. De este modo se evaporará el alcohol.

Pasar el sofrito y añadirlo a una cacerola, junto con los corazones de los alcauciles, los guisantes, el laurel y las patatas peladas y troceadas a taquitos. Vamos salteando y al final añadimos el caldo hecho con las hojas de los alcauciles. Corregir de sal. Dejar cocer el guiso unos treinta-cuarenta minutos a fuego medio.

Un plato digestivo, sano y delicioso.