No he encontrado cuenta de este establecimiento en Facebook, pero da lo mismo.  Su estilo, constancia y calidad circulará por el boca a boca de toda la vida. Casi cuatro años desde su apertura en una de las calles mejor recuperadas para la hostelería de Cádiz, y todavía no le hemos cogido en un renuncio en servicio, presentación y buenas viandas. La Bodeguita de Plocia cuenta con un equipo que sabe lo que hace. Y por ello se le puede recomendar a cualquiera.

Especializados en un material gastronómico de lo más tradicional, es de agradecer que cuenten con una cocina esmerada y eficiente. Platos tan sencillos y baratos como las papas aliñás o el aliño de zanahorias, deberían estar en la barra de todos los bares de Cádiz, porque si están bien hechos pueden seguir encandilando al cliente autóctono o turista.

Ayer mismo –además de los aliños citados- pedimos una media ración de boquerones fritos (muy ricos), unas albóndigas de ternera en salsa exquisita de queso y unas croquetas de puchero. Todo nos gustó, pero hay que decir que nos sedujeron las patatas fritas que acompañaban a algunas de estas tapas. Patatas en su aceite justo, con un buen corte que permitía dorarse los filos, está claro que estos tubérculos bien escogidos y tratados son un producto de alta gastronomía casera.

Un local bien situado, con una decoración clásica pero moderna, un orden interior muy conseguido y un personal atento y eficaz, hacen de la Bodeguita de Plocia un sitio para volver. Sabemos que es también el lugar ideal para los desayunos, buenos y rápidos, para todo aquel que ha de volver al trabajo en los veinte minutos concedidos.

Guisos bien conseguidos, frituras en su punto, y un pescado fresco fiable. Y la sorpresa de encontrar tintos de la tierra como el famoso Garum de Luis Pérez. Recomendamos también las tostas de jamón.

La Bodeguita de Plocia es un claro ejemplo de cómo sin tener que innovar necesariamente, puede conseguirse el objetivo de enamorar al cliente, a base de platos de toda la vida. Y para ello hay que saber trabajar en hostelería: recordar, preguntar, probar y cuidar todos los detalles. Fácil pero difícil, porque no todos los establecimientos dan con la tecla.