Constantemente escuchamos esta frase, como consejo para estar sanos, pues se supone que equivale a comer equilibradamente. El libro “No más dieta”, de Julio Basulto y María José Mateo (Edit. Debolsillo), pone en evidencia esta afirmación. En primer lugar, porque existen pocos alimentos comunes en la dieta habitual de los habitantes del planeta, que varía según los países y los productos disponibles, así como según los factores culturales.

Por un lado, y según afirma el libro, pocas personas admiten –sobre todo en las consultas médicas- que no comen variado o que su dieta es monótona. También la obra alude a dos investigaciones de la Universidad de Búfalo, que en 2001 concluyeron sobre la variedad dietética afirmando que a más variedad, más riesgo de obesidad. La verdad es que esta tesis rompe mis esquemas, sobre todo cuando comemos en casa, pues sí me convence cuando se trata de comer fuera, en celebraciones y eventos, en cuyas ocasiones está claro que nos pasamos en la cantidad de comida ingerida, debido al ambiente y también a la bebida.

Una segunda investigación fechada en octubre de 2003 también llega a explicar que los humanos comemos por encima de lo que nuestro apetito nos indica, al variar mucho los sabores, olores y texturas de los alimentos que ingerimos. Esto lo veo muy claro. (Hace un mes estuvimos como jurado de una ruta de tapas y tuvimos que degustar ¡20 tapas distintas!, pequeñas, pero veinte. Está claro que la variedad en la alimentación despierta sensaciones placenteras y nos lleva a comer más de la cuenta.

Resume el libro en este capítulo, que para comer de manera saludable no es necesario hacer ejercicios de “estabilidad, armonía, sensatez y prudencia”; sino que se trata de hacer una correcta selección de los alimentos saludables disponibles”, con un lema: priorizar el consumo de alimentos de origen vegetal (disminuir productos de origen animal y superfluos).

También es evidente que al consumir muchas frutas, hortalizas, alimentos integrales, legumbres y frutos secos, estamos dejando poco espacio para otros alimentos.

Eso sí, no es necesario dividir alimentos buenos y malos, sino que hay que tomar de unos más cantidad y con mayor frecuencia que de otros.

Ya sabéis que me encantan estos temas, y que procuro leer todos los libros relacionados con la nutrición escritos por autores fiables. Pero la verdad es que a medida que pasa el tiempo tengo la sensación de saber menos sobre alimentación sana, sobre todo a la hora de cocinar. O tal vez es que con cada afirmación me surgen nuevas dudas. No hace mucho leí que debíamos consumir en una semana un mínimo de 50 alimentos distintos, para asegurarnos tomar todos los nutrientes necesarios.

En fin, aprender a comer me está resultando un tema bastante complejo, pero en ello estoy. Tendré que seguir leyendo y consultando a lo expertos.