Guisantes, habas y alcachofas –o sus variaciones, los alcauciles o romanos- llenan estos días las fruterías de nuestros barrios. El miércoles pasado no quedaban ni siquiera las socorridas espinacas en mi tienda habitual. La gente en Sevilla se pone desde ya a preparar recetas de Cuaresma. Pues a mí se me ocurrió ésta, sencilla y riquísima, que combina las verduras de este tiempo de cultos cofrades y abstinencia de carne, con las apreciadas fabes, una de mis legumbres favoritas. Hoy las hemos comido en el almuerzo.

Ingredientes para 4 personas: 300 g de fabes, ¼ kg de habas frescas, 3 alcachofas frescas, 2 zanahorias, 1 cebolleta, 1 rama de apio, aceite de oliva virgen extra, 1 ñora, tomate frito casero y sal. (Admite otra especia como comino o tomillo).

En agua fría, poner a cocer las fabes –remojadas durante la noche anterior– con las zanahorias y el apio, como una hora o algo más, “asustándolas” una o dos veces con agua fría. Cuando las fabes estén tiernas, añadir el aceite (medio cacito o una cucharada por plato), la ñora, el tomate frito casero, las habas peladas y las alcachofas sin las hojas duras y partidas en 5-6 trocitos, que serán los más tiernos.

Corregir de sal y servir.

Y lo que más me gusta de las fabes es lo digestivas que son.