Pero, ¿hay algo que comamos que sea natural?”. Con esta pregunta encabeza uno de los capítulos de su libro Comer sin miedo, el doctor en bioquímica y biología molecular J. M. Mulet. En su obra, ha ido desmontando una serie de mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI, tal como dice la portada del libro.

Explica a lo largo de varios capítulos cómo el término “natural” hace referencia al origen del alimento, no a sus propiedades ni a su calidad. Y que los alimentos de los disfrutamos hoy en tan gran variedad son el resultado de una selección realizada hace cientos o incluso miles de años.

En opinión de Mulet no hay más que recorrer un Supermercado para observar los alimentos que allí se exponen. ¿Cuál de ellos es realmente natural? Carnes, pescados o lácteos vienen de una elaboración y transformación inevitable en el mercado alimentario actual, además de que en su captura se ha intervenido para seleccionar, alterando de alguna manera el equilibrio medioambiental.

Tal vez los productos del campo sigan siendo el origen más natural para los alimentos, pero no olvidemos que la agricultura, como tarea realizada por el hombre, es también una actividad agresiva contra el planeta.

Por ello, Mulet subraya que eso de la comida natural es un mito. “Toda la comida natural es fruto de la selección artificial, de la mejora genética y por tanto de la tecnología”. Y no olvidemos que algunas setas son mortalmente venenosas y que son ejemplo de producto natural.

El objetivo de J.M. Mulet –creo- es atacar frontalmente aquellas creencias y obsesiones sobre el comer productos naturales, que se encamina directamente hacia la producción ecológica, que a veces no lo es en su naturaleza.

Yo particularmente, pienso que no deberíamos cerrarnos a una alimentación exclusivamente biológica, que a veces viaja demasiados kilómetros hasta llegar a nuestro mercado, con un origen en países subdesarrollados incluso, que vive por debajo del umbral de pobreza, y que esto a veces ni siquiera nos preocupa.

Creo que la alimentación es –además de una función básica del hombre- un acto de cultura, de sensatez, de solidaridad y de sentido común, además de empleo eficiente de los recursos. Pero todos sabemos que de esto poco, pues hay gobiernos que dedican sus esfuerzos a otras actividades más rentables sin importarles el estado nutricional de su población; y hay quienes especulan seriamente con los precios de los alimentos en un mercado global.

Cultivar, pescar, criar, elaborar para obtener alimentos, debería ser siempre una actividad sujeta a análisis no solo económico, sino también medioambiental, con el criterio de hacer el menor daño posible a la tierra –para que nos dé de comer más tiempo- y, de paso, atender mejor a los seres humanos de este planeta.

El libro de J. M. Mulet Comer sin miedo, es una interesante reflexión sobre las radicales restricciones con que se nos presiona y alecciona a través de la información. Se trata de comer lo mejor posible pero mirando también a nuestro alrededor y sin temor. Y para eso hay que escuchar todas las voces, sobre todo de científicos y gente preparada, que entre otras cosas, nos abrirán la mente.

Y aprovecho para dar mi propia receta doméstica: lo mejor para comer bien, es METERSE EN LA COCINA y comer de lo que cocinamos.

Recomiendo el libro.