Entre vinos anda el juego. Moscatel, manzanilla y Pedro Ximénez. Cada uno distinto, especial, y de hecho reina en un momento del día. Cada uno va a transmitir un mensaje, un sabor, un aroma, una vibración y una experiencia propia. Ésta es la reflexión sobre las copas que tomamos en tres tabernas de Cádiz, Huelva y Sevilla. Una muestra de un pequeño recorrido por Andalucía Occidental. Tres bodeguitas que nos ofrecieron el calor de un vino al mediodía, cuando mejor sienta el vino.

Cádiz: El moscatel de Bodegas Collantes, de Chiclana, es el que más luce en el mostrador de Casa Manteca; una taberna con solera, hecha a medida del ambiente del barrio de La Viña, en Cádiz. La música de flamenco sonando, los escasos banquitos junto a la barra, las tapas servidas en papel de estraza y el público procedente de cualquier parte del mundo, hacen de este lugar un sitio de encuentro, distracción y convivencia amistosa. Ahí están nuestras copas, con un moscatel degustado a eso de las dos de la tarde, mientras esperábamos entrar a un almuerzo benéfico. Las copas nos dieron un preámbulo de alegría, junto a la tapa de queso viejo. En Casa Manteca y con Bodegas Collantes, un rato inolvidable, como si el mundo se detuviera por entero para nosotros.

Huelva: mucho tiempo sin ir por la Bodeguita Ramírez, una referencia en la ciudad. Allí supimos que el anterior dueño había fallecido seis meses antes. Ahora la nueva dirección tiene muchas cosas que restablecer o que renovar. Pero allí estaban las dos copas de manzanilla de Sanlúcar, cuya marca no recuerdo, pero sí que eran fresquitas y gustosas. Queda por restituir a la carta aquella magnífica ensaladilla de gambas que fue su emblema en el pasado. Con su buen vino, con los barriles de siempre, habrá que darle un plazo de prórroga para que ordene su esencia. Tras un paseo de mediodía, estas dos copas de manzanilla nos entonaron el cuerpo en un día frío pero despejado. Y luego a seguir andando, antes de coger de nuevo el coche. Sanlúcar en Huelva.

Sevilla: bueno, en realidad es un trocito de Jerez, llamado El Tabanco, amplio local recién abierto en la capital andaluza, con los vinos de la Bodega Sanchez Romate como protagonistas. En esta ocasión fue un contundente pedro ximénez. Un vino serio, envolvente, que marida con pocas cosas a mi entender, pero que siempre se hace dueño de la situación. El Tabanco ofrece cinco minutos de felicidad en copas. Un local fresco, ordenado y particular, en el centro de Sevilla. Dos copas que interrumpieron nuestra rutina de la mañana. Dos copas para detener nuestra velocidad, nuestra agenda y nuestras reflexiones. El vino, ¡qué tiene el vino….!

Y la compañía: porque sin ella la experiencia de beber compartiendo una copa de vino no habría tenido el mismo encanto, el mismo significado ni el mismo efecto. Estos tres sitios son de fiar para disfrutar del vino. La compañía la tenéis que poner vosotros.