Bajo el título “Los misterios del subsuelo de Cádiz”, tuvo lugar el pasado sábado la segunda sesión del ciclo “El Brunch del Royalty”, celebrado en la lujosa cafetería de Plaza Candelaria. Una excelente iniciativa es juntar información cultural con una oferta gastronómica más que atractiva, todo ello en una franja horaria poco animada, a partir de las 11.30. Brunch –palabra anglosajona que describe la fusión entre el desayuno y el almuerzo- supone un menú bastante completo y diversificado, que el Royalty presentó con eficiencia, calidad y a un precio más que sensato. El investigador Eugenio Belgrano fue el encargado de exponer sus conocimientos sobre sus investigaciones en el subsuelo de Cádiz, un espacio desconocido para el gran público. El periodista Jesús Cañas actuó de moderador. Y el Royalty se convirtió en una elegante sala de conferencias.

Diez años lleva Eugenio Belgrano estudiando la extensa red de pasadizos que corren por debajo de la ciudad de Cádiz. Actualmente es presidente de la Asociación de Investigadores del subsuelo, y acaba de publicar un interesante libro sobre sus trabajos, bajo el título de “En busca del Pozo de la Jara”.

Todo el mundo supone en Cádiz que su subsuelo está hueco, pero que es difícil el acceso a estos túneles subterráneos, al existir construcciones difíciles de franquear. Belgrano ha investigado ya unos cuarenta pasadizos, comprobando la antigüedad de éstos, que van desde la época romana hasta otras civilizaciones que pasaron por la ciudad, y que básicamente aprovecharon para llevar el agua potable. Un ejemplo es el subsuelo bajo el antiguo Castillo de la Villa (siglo XIV), del que hoy solo se conserva un trozo de lienzo de muralla, y que se extendería bajo la actual Guardería Municipal, en la calle San Juan de Dios. Este pasadizo atraviesa toda la ciudad, desde el Ayuntamiento hasta la Plaza Arguelles, junto a la Plaza de España.

En su conjunto, este sistema de pasadizos subterráneos, junto a los baluartes militares que se conservan al día de hoy, demuestran que Cádiz fue una ciudad muy fortificada. Por citar algunos ejemplos, desde 1780 existen las llamadas “Cuevas de Maria Moco”, que sirvieron como defensa (contraminas) en los diferentes ataques que sufrió la ciudad, y en cuya superficie se colocaban cargas explosivas disparándose desde dentro de la galería. El nombre de la cueva se debió presumiblemente a un grupo de gitanos que habitó en ella, María era el nombre de uno de ellos, y que al parecer criaron allí un gallinero con pavos (de ahí el moco). El pasadizo tiene bóveda de cañón, paredes, sillares, escaleras, lumbreras y respiraderos. Es célebre la contramina junto al antiguo edificio del Banco de España, frente a las Puertas de Tierra. O también la contramina de Tamarindos, en el barrio de Bahía Blanca, muy cerca del anterior.

Explicó Belgrano cómo para entrar en algunos de estos pasadizos se necesita respiración autónoma, por la gran concentración de gases.

En cuanto al Pozo de la Jara, hallado en la Casa Pemán supuestamente, aparecieron en él monedas de 1596, así como restos óseos de un inglés. Según la población de la época, se necesitaban unos 17.000-18.000 m3 de agua potable diariamente para abastecer la ciudad. Belgrano encontró el auténtico pozo en la habitación de una vivienda de la actual calle Junquera (antes calle de la Noria), tras la Plaza de San Antonio. Tenía forma rectangular, 12 metros de profundidad y 6 de diámetro. Su agua era 100% potable, con una galería sumergida, siendo necesario bucear en él 2,5 m, junto a una bóveda de cañón. Ya Estrabón al escribir sobre Cádiz se refería a puntos de agua dulce en la ciudad.

Cuentan las crónicas que en los siglos XVIII y XIX el pueblo decía oir voces bajo la tierra, lo que hoy hace sospechar en el uso de estos pasadizos como refugio de los contrabandistas.

Solo se ha estudiado el 15% del total de los pasadizos existentes en Cádiz, es decir, unos 6-7 kms en Puerta Tierra y 15 kms en total.

Leyendas como la del niño Juan Paje (siglo XV), que apareció moribundo en un subterráneo, (cuyo cadáver está realmente sepultado en la cripta de la antigua catedral, Santa Cruz), o la comunicación existente entre los subterráneos de todas las iglesias de Cádiz, demuestra también el gran conocimiento que los jesuitas (residentes en Cádiz), tenían sobre todo lo relacionado con túneles y pasadizos bajo tierra.

El ponente finalizó su exposición aludiendo al pasadizo más famoso del siglo XX en Cádiz: la Cueva del Pájaro Azul, de la que en éste blog tenéis bastantes referencias, y que actualmente no tiene uso. De hecho se vende por 125.000 euros. Tras su hallazgo, mi tío Manuel Fedriani Consejero la convirtió en un famoso tablao flamenco donde cantaron los mejores artistas del momento y por dónde pasaron escritores y artistas de élite.

En resumen, una interesante conferencia la que nos ofreció la dirección del café Royalty, acercando misterios, investigaciones y sobre todo historia de algo tan unido a la ciudad de Cádiz, como es su red de subterráneos.