Esta tarde todo el mundo lo busca, lo desea. Será el protagonista de mañana y pasado. Aunque dicen por ahí que ha estado trabajando durante todas las navidades. En su cajita, atado con una cuerda dorada, es el producto estrella de unas fechas especiales. Nos hemos acercado a uno expuesto en la pastelería de nuestro barrio, relleno de nata y con colorida fruta escarchada en su superficie. Da gloria verlo. Le acercamos el micro a ver qué nos dice.

Le vemos un poco envalentonado….

Es por el mérito que tengo. A mis años y todavía sigo estando de moda. En estos dos días voy a presidir las estanterías de muchas pastelerías y supermercados. Con o sin relleno, tengo una pinta exquisita, al menos por fuera. Del interior, ya hablaremos.

¿Cómo se presentaría a la audiencia de este blog?

Soy el roscón de Reyes, un producto muy navideño, y comparto mesa y negociación con turrones, polvorones, mazapanes y otros alimentos peligrosos para la dieta, pero también con los juguetes recién llegados a casa. Mi origen es francés, y mi esencia era una masa potente horneada. Siempre me queda un sabor a cítricos, por la ralladura de naranja y limón y el agua de azahar. En casa, pueden hacerme con la thermomix, y salgo de lujo.

¿Cómo lleva vd. eso de que lo rellenen?

Es que hay que adaptarse a los tiempos. Al principio, yo era puro puro, pero para aligerar la masa y quitarle sequedad, los pasteleros decidieron añadirme nata. Luego se atrevieron con chocolate, etc. En fin, el resultado es que gusto a todos, estilistas pamplinosos y golosos sin fronteras.

Estos días se le ve a usted por todos lados….

Es cierto. Además, tengo precios para todos los bolsillos. Cada supermercado tiene su roscón, aunque hay de todo: muy buenos, buenos y malos pa echarlos. Como en todo. A mí me gusta más trabajar con las buenas pastelerías; son locales pequeños, acogedores, con vendedores más agradables, que conocen a los clientes del barrio, y que cuidan los detalles y la calidad. Allí me siento mucho más valorado. En los centros comerciales me toman rápidamente, me montan en un carrito sobre un montón de artículos  (incluso detergentes de lavadora….) y me llevan a toda pastilla a casa. ¡Qué vulgaridad!

¿Se conoce a sí mismo?

Bueno, como roscón del siglo XXI que soy, me he preocupado de ir adquiriendo información sobre mi historia y mi propia naturaleza. Sé que a veces contengo grasa políticamente incorrecta en mi interior, e incluso nata que no es sino un sucedáneo; y es que me elaboran con grasas vegetales saturadas (un disparate desde el punto de vista nutricional). Y luego, mi decoración es también muy importante. Pero el consumidor es el que tiene la última palabra. Hay que armonizar precio y calidad.

Cuéntenos, enróllese un poco. Es para un blog personal, estamos en familia….

Pues según datos publicados por expertos, vengo a tener un 12% de grasa, cantidad por debajo de otros productos de bollería, como el croissant, el bizcocho de leche, el donut o la ensaimada (ésta es la peor, con un 30%). Vamos, que soy de lo mejorcito que se despacha en bollería. Antes me hacían con mantequilla, pero hoy solo la emplean el 10% de los roscones de los super. Alguna que otra firma utiliza aceite de girasol; y el resto de los roscones están elaborados con mezclas poco adecuadas nutricionalmente, con otras grasas vegetales (coco, palma o palmiste).

Y en cuanto al relleno, a veces en los roscones se emplean grasas hidrogenadas, mezcladas con otras “porquerías” para disimular, y conseguir un producto más barato. Pero, la verdad, es que estos compis míos son malos y además poco digestivos, vamos, incomibles.

¿Le preocupa su imagen externa?

Mucho. Mi decoración puede ser a base de almendra (ojo al congelarla, que se ablanda), fruta escarchada (que a veces sustituyen) y azúcar (suelta, en trocitos…). Además, lo suyo es que me decoren antes de entrar en el horno. Hay quien lo hace al revés y el resultado es negativo.

Este año estoy muy contento con el trabajo de campo que la OCU ha realizado sobre los roscones de Reyes en España. Se han currao un estudio, analizando la calidad de las grasas (del relleno y de la masa) en los roscos de los supermercados.

¿Y qué pasa con los roscones de las pastelerías? 

Para empezar, la diferencia de precio es enorme con los de los super. En pastelerías el roscón cuesta unos 50 euros el kilo, mientras que en las grandes superficies salen a unos 11 euros el kilo. Por algo será. Las primeras utilizan materias primas de primera calidad.

Y parece que algunas tiendas hacen roscones para venderlos rápidamente y salir del paso, sin darse cuenta de que muchos clientes tienen una memoria muy selectiva, y no van a olvidar el sabor ni la presentación de un buen roscón.

¿Y usted cual nos aconseja?

Por supuesto, el roscón de las pastelerías. Es que no hay color. Para una vez al año que se come uno un rosco, que sea inolvidable.

Y para información de estos amables lectores, les enlazo la noticia de la revista Cosas de Comé, con una guía para comprar roscones de Reyes en la provincia de Cádiz.

Este enlace contiene un canto al mejor roscón, que combina la tradición rosconera de Reyes con algunos cambios por modernización. Gracias a estos buenos roscones, yo sigo siendo el Rey.

FUENTE: www.ocu.org