Un mes he tardado en llegar a España. A mi remitente le hicieron firmar una «carta de responsabilidad», algo así como una declaración jurada en el Aeropuerto de El Dorado – Bogotá sobre mi contenido, a pesar de que con tantas envolturas,  mi aroma traspasaba el embalaje. Soy un producto de primera. Y solo soy un paquete de café de Colombia, de la famosa marca Juan Valdés y OMA, de 500 gramos. Pues nada, después de múltiples controles en la frontera, dónde la policía desconfiaba de mí, de mi interior, he llegado acompañado de dos cajitas de cocadas, uno de los dulces típicos colombianos.

Tenía muchísima ilusión por llegar a España, y más concretamente a Sevilla, a esta cocina, dónde tanto valoran el café, no hay más que verlo. Sé que les gusta sin moler, en grano, porque así les inspira más confianza y saben que el aroma gana mucho en intensidad. Me da un poco de vergüenza haber traído mi envase rajado y pagado con cinta adhesiva -un cutrerío- debido a las inspecciones propias de un país con tan mala fama y que sin embargo, tiene uno de los mejores cafés del mundo.

Ya estuve en Sevilla, fue en la Expo del 92, en el Pabellón de Colombia. Allí procuré darme a conocer preparando cientos de cafés todos los días. Y el público que visitaba el edificio quedaba encantado al probarme en aquellos pequeños vasitos. Más de veinte años han pasado. Yo después volví a mi patria, a mis rutinas, pero ahora me apetecía estar aquí de nuevo.

Soy un café rico en sabor, suavidad y aroma. No soy un café cualquiera. Además de un producto limpio, cumplo todos los requisitos exigidos por la ley y las normas fitosanitarias. Y no tengo nada que ver con otras sustancias. Lo mío es dar placer en el desayuno o después de una comida, y de crear ambiente en la casa o en la calle, mediante proceso químico con la cafetera. Mi mayor ilusión es que salga mi olor por debajo de la puerta, para que los vecinos de la casa me huelan desde el descansillo.

Aprovecho para indicar las recomendaciones para sacar todas mis posibilidades:

-No deje hervir ni recalentar la bebida.

-No repase la bebida a través de un café ya usado.

-Almacénelo en un lugar seco y libre de olores extraños en un recipiente hermético, preferiblemente refrigerado.

-Moler un instante antes de preparar el café.

-Por cada pocillo de agua, una cucharada de café.

-Consuma y disfrute la bebida recién preparada.

Que Vds. lo disfruten. Yo por mi parte, me quedaré aquí una buena temporada….