La lluvia anunciada nos echó solo cuatro gotas. Ayer sábado, asistimos al evento “Ruta Vinotren entorno de Doñana”, organizada por la empresa de enoturismo Sentire, de la localidad onubense de Bollullos Par del Condado, dónde hoy solo quedan quince bodegas. Las desaparecidas son mesones o bodegones. El evento coincidió con la XIV Jornada de Viticultura y Enología del Condado de Huelva. Un trenecito transportaba y comunicaba los momentos, los paisajes y las diferentes sensaciones del vino del Condado, por el entorno de Doñana. Nos acogió Bodegas Andrade, fundada en el siglo XIX según explicó su gerente Miguel Andrade, con  Víctor F. Vega, de Sentire, artífice de esta actividad enoturística. Los sentidos al servicio de la naturaleza, el vino y la mejor gastronomía de Huelva. Todo junto y revuelto para fundamento y disfrute.

Bollullos Par del Condado tuvo siempre poco término municipal, extendiendo sus cultivos a las localidades vecinas de Hinojos, Almonte y La Palma. En los años 20 existían pequeñas parcelas con viñedos unifamiliares y en los 60, nacen las cooperativas. En Bollullos solo hay tres bodegas que elaboren y comercialicen vino en la actualidad, cuyos viñedos están a escasos 25 km del mar en línea recta. Y Bodegas Andrade vende toda su producción.

El cultivo del viñedo supone en Huelva una protección del litoral frente a la erosión, con tierras de barro, arena y albariza y con la uva zalema, autóctona, resistente al ataque histórico de la filoxera, gracias a la arena.

Un joven Vermut Andrade nos dio calor a las 11 de la mañana, con el pueblo apenas despierto. Elaborado naturalmente, lleva vinos dulces y olorosos junto a 100 tipos de hierbas aromáticas que añadirán el amargor característico. Tras crianza en soleras, con cinco años estará listo para el mercado, en licorera serigrafiada.

Subimos entonces al simpático tren de velocidad anti-mareo, que nos llevó al Centro de Interpretación de la Ruta del Vino del Condado de Huelva, con un año escaso de apertura. Allí visionamos un vídeo sobre el vino en Huelva: la tierra, la uva, la paciencia, la técnica…. El Condado es Denominación de Origen desde 1960, y con la uva Zalema como protagonista de sus viñedos. Dar de mano, desgabazar, enverar, pisador, arrope, albarizo, arrumbador, barcal, carretada, desfangar, etc., son términos del mundo del viñedo.

La segunda parada nos trasladó al Paraje Natural de San Sebastián, con alcornoques y encinas, donde probamos un vino muy especial: Doceañero, un oloroso potente y expresivo, de uva palomino, zalema y pedro ximénez. En medio de la naturaleza, su elegancia y matices armonizan con quesos y chacinas de la comarca. Tiene 52 años ya, y crianza oxidativa.

En la tercera parada, invadimos territorio rociero, en el paraje “La Parrilla”,  refugio nocturno de la Hermandad de Villalba del Alcor. Viñedos de arena recuerdan antiguas variedades de uva desaparecidas. Probamos Murallas de Niebla, blanco afrutado, con fermentación cortada al final, inconfundible, mejorando en boca a más temperatura, con uva Zalema 100%. Me encanta este vino, es Huelva pura.

El trenecito urbano nos acercó entonces al encuentro con el jamón, uno de los símbolos gastronómicos de Huelva, a modo de turismo industrial gourmet. Fue en Jamones Sánchez, distribuidor de primeras marcas, junto a chacinas y productos del cerdo ibérico. Aquí nos ilustraron sobre la crianza del cerdo ibérico en su hábitat natural y su proceso de curado, que suponen de 3 a 4 años de paciencia para su máxima calidad. No faltó la degustación jamonera. Jamones Sánchez distribuye a Huelva y Sevilla, entre otros. El maridaje, Palmarejo Pálido, fino con 5 años de crianza biológica. Lleva 100% de uva palomino. Recordar que los finos se dan en comarcas de Córdoba y Cádiz.

Supimos de la existencia de un tren con el recorrido La Palma-Bollullos en los años 20-30 del siglo XX. Con o sin tren, se proyecta crear una ruta gourmet en Huelva, gracias a su gran potencial poco “vendido”.  

Ya de nuevo en Bodegas Andrade, tomamos un blanco afrutado –Castillo de Andrade-, para armonizar con la gamba blanca, la otra joya gastronómica de Huelva, que anima y alegra el paladar siempre. Este vino salió en 1984, junto con el similar de Bodegas Barbadillo de Sanlúcar.

Un tinto innovador –Soy del Sur– , de uva Syrah, rojo intenso picota, con aromas a fruta madurada y crianza en madera, acompañó con corrección un plato de carrillera. Y un Pedro Ximénez, dio respaldo a las bandejas de dulces de la firma Miel y Limón (tortas, roscos, pestiños, canutillos y tortas de pascua), y cerró el evento oficial del día.

Antes de la marcha, quisimos aprovechar el tiempo visitando otra de las bodegas abiertas en la localidad, y entramos en Bodegas Privilegio, famosa por sus afrutados (Mioro) y sus excelentes vinagres reserva.

Pero Bollullos nos reservaba un fin de fiesta imprevisto. Camino de nuestros coches llegaron a nuestro oídos sevillanas rocieras con tamboril y caña en una nave bodegón. Al acercarnos, el grupo festejador, nos invitó a beber, comer en su mesa y a cantar. Fue la fiesta propia del vino, la de la amistad, la que cada uno interpreta y vive.

Hasta aquí la aventura onubense. Solo insistir en nuestro apoyo a estas nuevas iniciativas turísticas que tanto necesita Huelva, con lo mucho que posee.