Mañana 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. La FAO (Organización de las Naciones Unidas por la Agricultura y la Alimentación) ha redactado un amplio informe sobre datos cuantitativos y cualitativos de la comida del mundo mundial: 2.000 millones de personas están desnutridas o subalimentadas, a la vez que otros 1.400 millones sufren sobrepeso. Ambos colectivos tienen elevados riesgos de sufrir diversas enfermedades. Pero también hay un grupo humano –en países desarrollados naturalmente- que podemos permitirnos el lujo de disfrutar con la gastronomía, la ciencia de la alimentación, su vertiente artística y creativa, una vez que podemos alimentarnos y nutrirnos regularmente. Éste es el mapa que a mí me gustaría mostrar.

La primera división que yo haría es de quienes pueden comprar alimentos y almacenar en sus neveras para cocinar a su gusto. Eso dependerá del lugar del mundo en el que vivan y de sus posibilidades económicas. Ahora en España hay familias que tienen que pedir alimentos a diferentes organizaciones sociales, sin poder elegir marcas ni calidades, porque no llegan a final de mes….eso es lo que hay. Es decir, estas familias tienen poca libertad para poder diseñar sus dietas. Pero en general –de momento- aquí tenemos una oferta muy amplia de alimentos para adquirir. Por otro lado, estamos padeciendo mucha incidencia de obesidad o sobrepeso y cada día más en la población infantil. Mala gestión de nuestra alimentación, a pesar de tener de todo.

Pero en otro lado estarían los que viven en países pobres, dónde sus gobernantes no tienen vergüenza (casi siempre) y no son capaces de gestionar un buen sistema alimentario para que sus habitantes coman todos los días. El dinero se pierde en proyectos locos y en corrupciones o en armas….¡mal negocio han hecho estas personas al nacer aquí!. No son dueños de casi nada, y tampoco de su dieta.

La FAO ya no habla de hambre, sino de desnutrición y de malnutrición. En épocas duras de crisis económicas los sistemas alimentarios se han basado en las cocinas familiares y sociales, con poca variedad de productos pero con un gran trabajo e imaginación en la labor de cocinar. Ahora, la evolución nos lleva a otras situaciones. Crece la sobrealimentación –que también puede suponer malnutrición- a consecuencia de dietas desequilibradas. Y también crece el despilfarro de alimentos.

No hay voluntad política de acabar con la desnutrición en el mundo, que tampoco costaría tanto, y que nos ahorraría mucho en coste sanitario y en pérdida de capacidad y salud en las personas; pero tampoco hay voluntad en las multinacionales de la alimentación, que van a lo suyo, igual que los propietarios de tierras, que también buscan beneficio rápido y suculento.

La alimentación humana, como casi siempre ha ocurrido, se encuentra amenazada y ha servido de moneda de cambio y de instrumento de presión del poder. Hay muchos modos de comer o no comer, de comprar o no comprar, de cocinar o no cocinar, y sobre todo de saber o no saber sobre lo que se cuece en el sector primario de nuestros alimentos, es decir, de dónde y cómo se producen. No todos los ciudadanos tienen libertad para poder informarse de lo que comen. Nosotros todavía sí (de momento).

Y también me gustaría aludir a otra división: los que cocinan (para los demás y para ellos mismos) y los que no lo hacen ni se les espera. Un abrazo a los cocineros y cocineras de cada casa, los mejores gestores de la alimentación y de la salud, y pequeños héroes de nuestros platos. Mañana también es su día.