La vida a veces es bella, sin pegas, sin condiciones, sin fallos. La vida a veces ofrece imágenes de refinamiento, elegancia, equilibrio, incluso paz…, y entonces puedes escuchar violines de fondo. El jueves pasado, escuché entre otros temas la banda sonora de la película “La Vida es Bella”, interpretada por violonchelo, violín y teclado en el Café Royalty, por el primer aniversario de su reapertura, en la Plaza Candelaria de Cádiz. Este establecimiento, de estilo romántico, tal vez único en España, ahora renace tal como fue a principios del siglo XX, para lucir otro siglo más desde que se firmara la Constitución gaditana de 1812. En el acto se bendijo el local. El Café Royalty es un punto y aparte en la alta gama de la hostelería gaditana, andaluza y española, que además de dar brillo y esplendor a nuestra imagen para el visitante, da trabajo a los mejores profesionales.

Una espléndida decoración que ha cuidado hasta el más mínimo detalle, crea el ambiente más refinado, evocando lo que fue el Café: un lugar de encuentro y tertulias de escritores, empresarios y artistas. Sin duda alguna es un sitio ideal para la conversación a imagen de una época en la que no se conocía aún la electrónica y la voz humana se lucía en discursos y opiniones.

Sus puertas y ventanas abiertas a la calle permiten al cliente del Café y al paseante de la calle transmitirse información mutua, tal como era habitual hace cien años. Con el Royalty se ha creado un hermoso producto de categoría indiscutible, un hardware de lujosa puesta en escena, con pinturas, espejos, muebles, tapizados, lámparas y antigüedades, pero maridados con un software de altísimo nivel, gracias a su cocina y su repostería.

De este aspecto se han encargado el maitre José Francisco Chulián, junto al Chef Paco González, dos excelentes profesionales. Pudimos comprobarlo por la perfecta coordinación del servicio de camareros, y por la presentación y sabores de aperitivos, tapas, repostería y cócteles respectivamente. Tras una noche de agradable conversación con amigos y conocidos en el Royalty, salió a saludarnos el Chef González, sonriente y relajado. Su  trabajo había sido una pequeña gran obra de arte, en consonancia absoluta con el entorno.

Cuenta mi amiga Belén Peralta en su libro “Recorrido sentimental por la ciudad de Cádiz”, que la Plaza Candelaria (dónde se ubica el Café Royalty), era pequeña hasta 1875 en que fue desamortizada con el derribo del convento de agustinas calzadas; fue entonces reformada y embellecida con jardines, una fuente de mármol y la estatua de Emilio Castelar en el centro, todo ello en 1905. En 1912 abre el lujoso Café Royalty, en su esquina con la calle Obispo Urquinaona, con una decoración romántica.

Cien años después, un empresario sevillano, Cayetano de la Serna, realiza un proyecto impagable y recupera para Cádiz un lugar excepcional, que puede y debe convertirse en punto de encuentro del mejor turismo, a la altura de otras bellas ciudades europeas.

La ciudad, Cádiz, a veces, puede seguir siendo bella. La música de los violines lo confirmó.