Mi amiga Rocío –con dos hijas- ha tenido que asumir como madre y jefa de la cocina de su casa, el régimen alimenticio de adelgazamiento de una de ellas. Una dieta a base de puntos, en función de lo que coma forma parte de las recomendaciones de una clínica dietética a la que acudió su hija veintiañera. Por lo que me dice, la dieta contempla 0 puntos para verduras y al resto de alimentos –sobre todo los de hidratos de carbono- lo penaliza con mucha puntuación. Total, que mi amiga sigue al pie de la letra los consejos para que su hija pierda los 10 kilos que al parecer le sobran.

Pero está el caso de que sea el cocinero o cocinera de la casa quien quiera adelgazar. Y lo digo por experiencia, pues durante algunos años de control alimentario he tenido que hacer dos tipos de comidas, o más bien adaptar dos tipos de menús en casa, los de mi marido y mi hijo y los míos, bastante más ligeros en calorías.

Esta situación no tendría mayor problema si no fuera porque creo que siempre es más fácil cocinar para los demás que para nosotros mismos. Y por eso, a veces olvidamos el plato propio, aquel que carece de algún ingrediente que sí está presente en la dieta de los demás, que no tienen problemas de peso.

Pero hay que contar también con un hecho: mientras estás cocinando te apetece probar o picar, y esto sí que es una dificultad añadida. Te das cuenta así que de momento no debes probar la ensaladilla rusa, o el chorizo de las lentejas, o comer más pan de la cuenta, y todo eso mientras pasan las fuentes por tus narices, y mientras ves cómo tu familia moja pan con desenvoltura y sin limitaciones en la salsa.

Son cuestiones de la cocina diaria. Hay mil modos de comer o mejor dicho, de alimentarse. Y desde luego, lo ideal es tener un cocinero/a en casa para ti solo, que se ocupe de contar los puntos o las calorías que llevan tus platos y no preocuparte de nada más. Así da gusto.

Pero hay que acostumbrarse a tener cierta disciplina en la alimentación, si uno quiere adelgazar o mantener el peso, y para ello, lo mejor es cocinar con poca hambre, y no tener a nuestro alcance alimentos hiper calóricos, como galletas, chocolates, ensaladillas, tortas, dulces, etc., porque al final picamos.

Cocinar en casa es algo muy serio. Gracias a esa persona que realiza regularmente las funciones de preparar la comida, los que viven allí pueden dedicarse a sus ocupaciones de trabajo o de estudio. La pregunta es ¿no debería haber más de un cocinero en cada casa?.