Respetar su apetito

“¿Qué tal come tu hijo?”. Solemos hacer esta pregunta a los jóvenes padres cuando conversamos con ellos sobre el carácter y los hábitos de sus hijos, porque esta cuestión del buen comer preocupa muchísimo a las familias.  A veces –y me incluyo también yo misma- hemos presionado a nuestros hijos pequeños para que probaran comidas nuevas o para que apuraran el plato, ante su negativa a continuar comiendo. El libro del nutricionista Julio Basulto “Se me hace bola” (Editorial Debolsillo), habla de este asunto, del obligar a comer, que supone revisar al mismo tiempo el modelo de educación hacia nuestros herederos.

Lo primero que afronta Basulto en su libro es la importancia de los ambientes negativos en la mesa, que generan sin duda “resistencias, aversiones y desequilibrios no solo psicológicos sino también fisiológicos: los padres partidarios de un estilo de crianza autoritario (que incluye pretender controlar la alimentación del niño) multiplican por cinco las posibilidades de que sus hijos padezcan obesidad en la edad adulta”. El autor basa su afirmación en estudios serios sobre el particular. Con este consejo, eso de “si te levantas de la silla no hay postre” quedaría absolutamente en entredicho.

Está clarísimo. No hay que forzar a los niños a comer. Entre otras cosas porque en esas edades los niños son totalmente impredecibles en el apetito, y unos días comerán el doble que otros. Por otro lado, no es bueno prohibir alimentos, simplemente no hay que tenerlos a su alcance. El caso es que si obligamos a los pequeños a comer de más, esas cantidades que están por encima de su apetito pueden convertirlos en obesos en pocos años.

Y como premisa, debemos tener siempre en la despensa productos saludables para que nuestros hijos coman cuanto les apetezca de ellos, de modo que ellos mismos se autorregulen. Y, sobre todo, pensar que la mejor influencia para que los niños coman bien será ver a sus propios padres comer, es decir, su ejemplo, y no el mero hecho de ofrecerles determinados productos, con más o menos presión.

Por otro lado, el tema de las raciones adaptadas al apetito, debería hacernos pensar también a los adultos en la necesidad de disminuir nuestros platos, nuestras cantidades. Para mí es una de las asignaturas pendientes en nuestra alimentación, sobre todo a la hora de plantearnos el perder algo de peso, o mantenerlo.

El libro de Basulto me ha hecho contemplar el tema de la alimentación infantil con otra mirada, aunque ya mi hijo pasó la adolescencia y aunque fue y sigue siendo un excelente comensal. Este tratado de alimentación pediátrica abre la mente sobre la educación en la mesa de nuestros hijos, con la vista puesta en el futuro, en su modo de comer y en su modo de alimentarse, y con medidas preventivas de obesidad futura. Creo que todos deberíamos reflexionar sobre estas cuestiones.

Gracias, sr. Basulto.