Antes de que Comeencasa lo publique, yo te lo cuento. Llevo muchos años en activo, soy conocidísimo en la ciudad. Pero no estoy conforme con mi modo de trabajar, o mejor dicho, con el modo en que me trabajan. Soy un bar sin alma, sin personalidad, casi sin vida, pertenezco a la siniestra gastronomía en serie. Y aún así sobrevivo en una de las mejores plazas de esta ciudad, dónde cualquiera puede encontrarme…..mi decoración es tan previsible que solo represento un nombre escrito en un rótulo. Creo que me odio un poco a mí mismo.

El local donde vivo apenas ha tenido obras de reformas o mantenimiento en los últimos veinte años, pero no parece estar envejecido, es curioso. Me siento un Dorian Gray de los bares, porque mi espíritu fue objeto de trato, no sé cuando. Mis mesas se visten con manteles anticuados, gastados. Mis vasos, cubiertos, platos, incluso servilleteros son de lo más corriente. Y por no hablar de mi carta, escrita en letra inglesa de imprenta. Estoy seguro de que toda persona que se siente en una de mis mesas y que la lea buscando algo interesante en el menú, no verá nada que le llame la atención. Los nombres podrían reducirse a números, a códigos. Y al final, pide aliños y croquetas….mi comunicación es una lista de titulares rutinarios de platos hechos sin gracia, sin apenas brillo, y con poco aroma, color y sabor.

Soy también un bar triste, muy triste, casi depresivo. Me visitan muchos turistas, extranjeros o españoles atraídos por mi bella situación. Se sientan, piden algo, beben, comen o mejor dicho, mastican y tragan y se van en cuanto pueden. Me gustaría poderles decir que esa mediocridad no es mi culpa, que yo sufro de impotencia. Y es que hace unos años yo era un bar políticamente correcto y acorde con los tiempos, pero hoy, cuando el ambiente de la hostelería echa chispas, vive cambios constantes, ficha a cocineros imaginativos y busca nuevas tapas y presentaciones, en suma, tiene vida.., pues yo me he quedado atrás; bueno, me han dejado atrás y ha sido contra mi voluntad. Hasta mis camareros son aburridos.

Desde mi puerta veo sacar otras tapas más sabrosas, mejor montadas, más complejas y conseguidas. Y entonces, yo miro para mis adentros y comprendo que estoy de más en este mundo de tapeo callejero que quiere ser de verdad, vibrante, alegre, expresivo, y no estandarizado al estilo de los años ochenta…..¡ay!

Soy un bar sin alma, estoy triste, porque no puedo ofrecer a mis clientes una emoción gustativa, un recuerdo en el paladar, una sensación única, solo un estómago aliviado. Y ese no es mi objetivo. Yo quiero que vibren con los sabores de mi cocina de mercado, con las frituras de pescado fresco y con los buenos aliños gaditanos. Quiero ser famoso por mi cocina. Quiero sobre todo dejar de ser mediocre. 

Por favor, te lo ruego, pon alguna denuncia, alguna queja, hazme un reportaje, escribe incluso en mi libro de reclamaciones, y dílo muy claro: que este bar que soy yo, no tiene alma, que está vacío de contenido espiritual y material, y a eso no hay derecho, y que necesita un repaso urgente, una transformación, un giro de 360º. ¡¡¡¡Quiero salir de aquí!!!