Más de una vez hemos comentado lo mucho que ha subido el nivel de la hostelería en la localidad de San Fernando (Cádiz). Y se puede comprobar a lo largo de las diferentes rutas y concursos de tapas que se vienen celebrando, incluso con especialidades (de caballas o tortillitas de camarones, etc….). El caso es que San Fernando cuenta con bares de tapas de categoría, aun de diferentes estilos y cocinas. Un ejemplo es la Tapería de Javier, un local situado en la calle Real número 58, en la acera de enfrente a la iglesia mayor, que lleva poco más de un año funcionando. Allí quedamos con dos amigos con quien compartimos además la alegría del buen comer.

Un local pequeño pero bien distribuido y aprovechado, con una agradable terraza exterior, que se llena fácilmente al poco de abrir. Y tras la barra, una pared de cristal que deja ver sin tapujos el trabajo realizado en la cocina. La Tapería de Javier es un establecimiento de buena decoración y diseño funcional. Al entrar uno piensa que va a ser ruidoso pero no lo es tanto. Se puede disfrutar en él de una agradable conversación sin ser molestado. Abre todos los días y también sirve desayunos.

Tras las bebidas –cervezas y vinos- se sirve al centro un atractivo plato con quesos de diferentes sabores y texturas, de cabra, vaca y leche cruda y sin pasteurizar, presentado con una compota de ciruela.  Los quesos proceden del puesto “360º”, del mercado central de abastos de Cádiz, y desde luego, como entrantes predisponen positivamente al cliente. Tras esta excelente degustación, comenzó el desfile de tapas….

Las primeras fueron las croquetas de langostinos (lo siento, soy cada día más croquetófila). No me canso de probarlas en todos sitios, y éstas eran en mi opinión absolutamente geniales, magistrales. Está claro que por conocidas que sean, siempre pueden servir para asombrar.

Continuó la ensaladilla de gambas, que ya nuestros amigos habían probado en otra ocasión y que nos aconsejaron. Tengo que decir que era magnífica, suave en sabor justo, bien hecha la mezcla y agradable al paladar. Un plato sencillo pero delicioso.

Y llegó un barquito de berenjenas, rellenas de carne y verdurita, geniales. Está claro que Javier –el alma del establecimiento además de Chef- pone especial mimo en cada tapa, como si fuera única. Todos los ingredientes externos e internos están magníficamente tratados y de ahí los buenos resultados.

El tataki de atún fue la siguiente la tapa, con una magistral emulsión de remolacha, wasabi y soja. Bien tratado el túnido y buena presentación en plato. Todas las tapas eran de alto nivel.

Y no quise quedarme sin probar el solomillo de buey al foie, con reducción al vino tinto y ajiverde; riquísima combinación. Éramos seis personas, con lo que el tapeo daba mucho juego y podríamos distribuirnos los bocaditos, de ahí que pudiéramos seguir un poco más.

Y así fue, faltaban los espárragos verdes a la plancha con jamón ibérico, crujientes; pincho fácil y clásico donde los haya, pero que nos dejó encantados. Y por último, un excelente pastel de caballa con mayonesa de algas (esta última muy original en sabor). ¡Ah!, y no quise perderme un bacalao a la crema de albahaca y gratinado de alioli….¡una pasada!.

Fue todo un placer para los sentidos cenar de tapas en La Tapería de Javier. A la sensación física hay que añadir la amabilidad y profesionalidad del servicio, y la disciplina con que se trabaja dentro y fuera de la cocina. La Tapería de Javier funciona como un gran equipo. Muchos establecimientos deberían aprender de esta filosofía, que facilita el éxito del proyecto.

¡Enhorabuena!