Imagínense el centro de Sevilla, de los más grandes de Europa, con sus calles –muchas peatonales- llenas de bares y restaurantes muchos puestos al servicio de los guiris, posiblemente con platos muy parecidos. Por ello, se hace difícil identificar un establecimiento con una oferta distinta y de calidad, que haberlo lo hay. En la calle Albareda –entre Sierpes y Méndez Nuñez-, en una zona de almuerzos y cenas de horario extranjero, se abrió hace tres meses un local realmente especial: Messala Gastrobar (antes llamado Mariscal Tapas, pero es la misma dirección). En él se expresa el alma de la mejor cocina, la de mercado, con el Chef gaditano Juan Höhr Herrera, formado en la Escuela de Hostelería de Sevilla y madurado en los mejores fogones de San Sebastián. Lo del antiguo nombre Mariscal viene por el apellido de los dueños del negocio, que empezaron y mantienen un establecimiento similar y de igual nombre en el populoso barrio sevillano de Rochelambert, y que ahora apuestan por lo más céntrico de esta ciudad.

Una decoración e iluminación moderna, elegante y discreta hace de Messala Gastrobar un lugar agradable de visitar. El amplio establecimiento abre sus puertas a las 8 de la mañana, regalando al cliente un desayuno de cada seis, con una tarjetita entregada en su primera visita matinal. Las mesas altas y bajas permiten crear diferentes ambientes de tapeo a más o menos velocidad. Tiene menú del día a un precio muy competitivo en relación a su calidad. También en la carta se anuncia el vino de la semana, con una pequeña descripción de origen y elaboración, también servido por copas, como la mayoría. Otra peculiaridad es contar como acompañamiento de platos con la “Regañá de Don Pelayo”, producto gourmet de reciente comercialización.

Pero es más interesante que les describa la parte práctica, lo que pudimos degustar en Messala Gastrobar, un lugar realmente archivable en la memoria del moderno tapeador.

Una tapa de croquetas de carabineros anunciaba su esencia nada más cortarlas por la mitad, por su intenso aroma, así como su rebozado suave y jugoso. Unos boquerones fritos fuera de serie, servidos en su cucurucho de papel de estraza, recordaba el mejor sabor del buen pescado frito, con un toque justo de limón (sensacionales, para mí adictivos). Siguieron unas berenjenas fritas levemente con miel de caña y humus, elaboradas con gran cuidado y suavidad, con un azúcar de caña ligero, sabroso pero justo. Al poco probamos también una exquisita vieira con espuma de coco picante, un plato realmente sorprendente. No quisimos perdernos el tataki de atún con salsa de maracuyá y soja, complementado con rábano hilado, una pasada. Las flores comestibles adornaron y alegraron estas buenas y abundantes tapas.

Aunque no somos de postres nocturnos, decidimos pedir la “torrija de pan brioche con espuma de coco, y crema de cóctel con almendra”. Increíble el sabor jugoso y cremoso de la torrija….digno de ser contado y fotografiado. Una obra de arte en la calle Albareda.

Messala Gastrobar ofrece una oferta cuidada en todos sus detalles, y para ello es necesario un jefe de cocina con  las cosas muy claras, como Juan Höhr. Las tapas tienen que hablar de la calidad y el oficio una vez estén en la mesa. Lo dicho: el alma de la buena cocina, la que hace disfrutar.