Confieso que por primera vez he comprado en una tienda de chinos. Necesitaba unos recipientes con diámetro como para contener y transportar cuatro de las ocho tortillas de ocho huevos, que iban a ser catadas el sábado 25 de mayo. Por cierto, no logré entenderme con la joven dependienta china por más que lo intenté, ella en su idioma y yo en el mío, así que me puse a buscar por las estanterías de la tienda, hasta encontrar lo que buscaba. ¡Todo sea por la tortillología!.

Las otras cuatro tortillas de la cata las preparó Maribel, otra monitora del taller, premio al mejor expediente de la licenciatura de Tortillología. El acto tuvo lugar en el quiosco-barbacoa de la Venta El Cotaller, en el término de Puerto Real (Cádiz), Andalucía, España. Allí, sobre las 12.30 horas del sábado, Maribel, Antonio y yo, junto al Cervecero de la Orden del Caos (según su Facebook), Tomás, realizamos los ritos iniciáticos en la cultura de la tortillología para un animado colectivo cultural joven y alternativo, pero insuficientemente preparado en hacer tortillas en casa (al menos eso me pareció).

Pero volvamos al objeto protagonista: ocho tortillas de ocho huevos cada una son un total de sesenta y cuatro huevos ecológicos además; y si hablamos de las patatas, eran de Chipiona, preciosas, y en una cantidad de 16 kilos redondos. Aparte, añadimos cebollas, verduras variadas, jamón cocido, boletus deshidratados, ajitos, vino Pedro Jiménez y un buen aceite de oliva virgen extra. He aquí los avios de matar necesarios para poner en marcha un taller de cata de cuatro tortillas, a impartir en el evento llamado Vivos, cultura en acción, que aquí os enlazo.

Aunque no sea una información relevante, decir que el día antes la cocina quedó hecha una pena. Las pieles de las patatas se amontonaban en la encimera; los boletus soltaban su agua oscura que no debía tirarse sino aprovecharse para otros platos. Huevos y patatas se mezclaron en boles. Nuestra tia Adela vino en nuestro socorro con el cuchillo pelador. Eso en nuestra casa. Maribel –la otra monitora del Taller- preparó las otras cuatro tortillas. El viernes por la noche había que dejar fritas las patatas y salteados y reducidos los boletus. A la mañana siguiente, a hacer las tortillas mismamente, y luego limpiar la cocina, pero ahí fallé, y lo dejé para luego….otra confesión más.

Un poco antes de las siete, desayuno y a batir huevos, mezclar con las patatas fritas y preparar la sartén más grande. La cocina más sucia por momentos: suelo manchado, encimera pegajosa, cubo de la basura saturado, cartones de huevos por medio, trapos de cocina en evidencia, y todo manchado de aceite…. Daños colaterales de las catas culturales-tortillológicas….y, confesar que las dos últimas tortillas –de boletus- fueron las más laboriosas por su dificultad en cuajar. Y entonces se pone uno bastante nervioso. Al final, las tortillas se colocaron en el recipiente chino con papel metálico, tapadas y reservadas, en espera de salir al escenario de aquella cata tan original.

Pero nuestro objetivo era explicar, transmitir, difundir, propagar la cultura, valores, nutrición, herramientas, conocimientos, etc. de la ciencia de la tortillología, y a la vez formar a los jóvenes en la prevención de los peligros de las tortillas-clones, ya saben, esas que se ven en los supermercados y que parecen tan inocentes….

Con cierto retraso sobre la hora prevista (cosa normal en Cádiz), comenzamos la teoría de la cata: introducción a la tortillología, su importancia, su origen, su metodología, sus amenazas y, en conclusión, su teoría más básica. Enseguida pasamos el micro a Maribel, que expuso la historia de la tortilla, sus propiedades nutricionales y sus muchas posibilidades. Antonio tocó el tema del instrumental, cargado con un lote de sartenes, pelador, batidor, bol de cristal y espumadera. También repasó los trucos para que la tortilla salga en condiciones….¡ea! y ahora a lo práctico. La gente ya estaba un poco impaciente.

Todos sentados –casi 30- con manteles de cuadros monísimos. Platitos de postre, servilleta de papel y tenedor modelo venta. También se les facilitó vasitos de cristal cortitos para la cata de la cerveza; eso estuvo a cargo de Tomás. Había que poner orden en una zona al aire libre!. ¡atención, se rueda!, comienza la función de la I Cata de Tortilla de la historia….y nosotros estuvimos allí.

En cada platito dos taquitos de tortilla –con y sin cebolla- y la primera cerveza, la de trigo, con poco alcohol, ligera, que va divinamente con la tortilla básica. La gente estaba encantada. Los monitores parecíamos los padres, cuidando de que sus hijos coman….

Segundo round: tortilla mixta –verduras y jamón cocido- y la segunda cerveza, la rubia, con algo más de fuerza y sabor, para acompañar a la tortilla de varios sabores, todos muy naturales. En este punto las conversaciones se hicieron más densas. Gustaron las tortillas y se sorprendieron con la cerveza.

Y por último, y preparando al personal, la tortilla de boletus, de intenso sabor a seta y con un toque dulce del vino, con la cerveza más potente, la colorá. Creo que la gente empezó a alucinar, y de repente todos se hicieron amigos….

Conclusión: las tortillas deben estar hechas con seriedad, tanto en buenos ingredientes como en buenas técnicas. Y en cuanto a la cerveza empleada en la cata, marca artesana El Cotaller, se demostró con creces su calidad y exquisito sabor. En la venta podréis encontrarla, en botellas de tercio de litro.

Aunque con un público heterogéneo y no muy predispuesto, y en un lugar de ambientes dispersos, creo que la cata de tortilla que dimos el sábado quedó a la altura, y de hecho, la gente empezó a pedirnos tortillas, cuando ya no quedaba ni un triste pedazo.

¡Bien por los tortillólogos! Reportaré al sr. Monforte, ideólogo de esta ciencia.

(Las fotos las he cogido del Facebook).