Al igual que el algodón del último pase en la limpieza doméstica, siempre está ahí. Hace cosa de un mes sufrí la desagradable experiencia de malcomer de raciones en un bar del centro de Cádiz en el que ocurrió de todo:  se llenó el local de humo (saliendo de allí perfumados de fritanga), se confundieron en uno de los platos, se fue la luz varias veces (por sobrecarga, supongo) y lo peor e imperdonable fue que las papas aliñás eran absolutamente malas en presentación, composición y aliño, lo cual es difícil conseguir en esta ciudad de piriñacas y de carnaval….pues entonces, mi estómago también me confirmó la mala calidad de los aceites empleados y del uso abusivo de las grasas al freír. Mi estómago no me engaña.

Es que tapear no siempre es un placer, a veces te deja una difícil digestión que te dura varias horas, en las que te indignas cruelmente con el establecimiento causante. Sobre todo, porque de lunes a viernes tú estás cuidándote en casa, con tus lentejas sin picante, tu pechuga de pollo bien guisada, tu atún de Coucheiro encebollao y tu  buen gazpacho con aceites de la sierra y tomates de Conil. Y ahora, por salir a la calle a hacer vida social un sábado, pues te encuentras con estas gamberradas hosteleras….

Y aquí hay de todo: impresiones visuales junto a molestias digestivas, que no siempre van juntas. Es decir, que a veces la tapa o ración tiene una excelente imagen en colocación, colorido y abundancia, pero luego resulta que no sabe a nada (¡qué gran decepción!), o bien sabe a alimento pasado y barroco, que nos deja un mal recuerdo, aunque nos haya entrado bien. El aceite malo es uno  de los mayores responsables junto a los productos muy viajados, poco frescos y poco “exigidos” de las malas cocinas hosteleras. Y, aunque casi nunca lo hacemos, deberíamos protestar. Mi estómago suele pasarme el acta a los pocos minutos de terminarme la tapa, y luego se lleva una hora o más quejándose….

Querido estómago: gracias por tu colaboración en estas aventuras arriesgadas de salir a tapear. Y perdona mis experimentos en malas cocinas; tú te mereces algo mejor.