A las 10 de la noche del pasado domingo 12 de mayo cerraba sus puertas la Feria del Libro de Sevilla 2013.  Doce días de ocupación de la céntrica Plaza Nueva en la que nunca faltó público ni vida dentro y fuera de las casetas, aunque once menos que el año pasado. Y una servidora se ha estrenado también como escritora: “los Lunes, Lentejas”, un recetario de andar por casa, ha caído bien entre libreros, escritores y público en general.

Durante la Feria, el espacio denominado “La Pérgola”, ha acogido a través de un organizado programa de actos, las presentaciones de las obras de algunos grandes de nuestra literatura: Almudena Grandes, Ángeles Caso, Rosa Regás, Luis García Montero, Félix Madroño, incluso nuestra gaditana Hilda Martín con sus Crónicas de Cádiz, etc. Pero mientras las primeras figuras firmaban sus últimas obras con la presencia de medios de comunicación, un colectivo de escritores novatos, desconocidos pero ilusionados como yo, también dedicábamos nuestras obritas a los compradores en las diferentes casetas.a

Aún me emociono al pensar lo mucho que he disfrutado durante esta semana larga de Feria del Libro. De un lado, por comprobar la calidad humana y profesional de nuestros libreros y de sus empleados. He visto cómo ayudaban dando información a quienes deseaban editar un libro; he contemplado la atención a los grupos de colegiales con cinco euros para invertir en cuentos fantásticos, guiados por sus maestros vestidos de Blancanieves o de un pirata del Caribe; he conversado con estos libreros, románticos de su profesión, aunque viven también la dureza de este negocio….Y he comprobado cómo detrás de ellos hay una vida decente y admirable.

Pero también he tenido la suerte de relacionarme con tres autores noveles: Clara Grima, que junto a Raquel García ha publicado el libro “Hasta el infinito y más alla”, un método moderno para enseñar matemáticas; a Emilio Arellano Angulo, que ha escrito “Nuestra amistad, cómo crear y mantener buenos amigos”, un libro denso y motivador, por alguien que se mete en un millón de líos culturales; y Paco Marín, con su libro «Cuando habla el Levante» (por algo es de Cádiz), que ha hecho reir a los lectores: Paco cantaba una coplilla de carnaval como regalo al comprador de su libro….

Amigos que han ido a verme para que les firmara el libro y que me han contado sus problemas; conversaciones sobre la marcha de la Feria, que este año ha mejorado sobre el anterior; y charlas y cambio de opiniones sobre la cocina….y resúmenes de currículums pasados y superados….¡qué más se puede pedir!.

Y ayer domingo, un cliente volvió a la caseta donde compró Los Lunes, Lentejas, para confirmar que una de mis recetas del libro le había salido riquísima.

Me despedí de los tres libreros: Céfiro, Beta y La Nueva, donde ya tengo amigos. La Feria del Libro es un lugar de lujo en una ciudad alocada y ruidosa, que por unos días se vuelve más tolerante, más abierta y más soñadora en una céntrica plaza. Algo tendrá la literatura cuando la bendicen….