Los dos centros de atracción turística pertenecientes al término de Santiponce, en Sevilla, y que son la antigua Itálica y el Monasterio de San Isidoro del Campo, hacen que el pueblo pase ignorado por los visitantes. Por ello, acaba de crearse un Centro Temático de la vida cotidiana en Roma, “Cotidiana Vitae”, gestionado por Dinamo Cultura. Este centro muestra entre otras cosas, una pedagógica recreación de una casa romana y de una taberna pública, lugar en donde se comía y se bebía.

La cocina de una casa romana era un habitáculo muy pequeño, sin ventanas, que con el paso de los años tomaba el color negro en sus paredes por el humo y la falta de ventilación. Solo se abría cuando estaba en casa el señor. Además, era muy normal que allí durmiera alguno de los esclavos que estaban al servicio de la casa. Por lo que la cocina era un lugar insano para trabajar. La vajilla y los cacharros de cocina eran siempre de color rojo, por estar hechos de arcilla rica en hierro, que permitían cocer mejor los alimentos.

Y luego el comedor, o triclinium, era usado por un máximo de tres personas, casi siempre hombres, pues las mujeres participaban como servicio o como músicos para amenizar el banquete. Los comensales comían en postura inclinada sobre su sofá (especie de chaise longue). La gente normal solía comer y beber en las tabernas públicas. A las 6-7 de la mañana solían desayunar restos de comida con vino, leche y frutos secos; luego almorzaban en la calle. La cena era base de pollo o pescado, pata de cerdo, gallina o carne de caza.

En las imágenes podemos ver lo que era la ceremonia de comer en la antigua Roma. Itálica fue una ciudad hecha para los multimillonarios, que allí se reunían para divertirse y para hacer tratos comerciales. Los restos de la casa más pequeña de Itálica medirían 1800 metros cuadrados, lo que da idea del esplendor de la villa romana (siglo II d.C.).

Y por último, al final de la visita, pudimos degustar y admirar los vinos fermentados y especiados según consejos de los expertos Paladio y Columela, y que se comercializarán en breve bajo la marca Roma Bética; se trata de cuatro variedades según la especia utilizada: miel (Mulsum), se tomaba al principio del banquete. Fermentación con miel, según indicaciones del experto agrónomo Columela, en cerámica y luego doble fermentación con miel de encina con uva merlot Es aromático, intenso, de capa alta.

El vino de violetas (Antinoo), procede de uva merlot, la esencia es espectacular.   El vino de rosas (sin etiquetar aún), procede de uva merlot y syrah , con 11ºC; lleva aromas de pimienta, azafrán, pimentón, canela, pétalos de violetas, etc. El de canela (Mesalina), fue el que más me gustó, por su aroma y retrogusto.

En fín, se trata de unos vinos distintos, dulces y aromáticos, que habrá que saber maridar, pero que recuerdan los sabores de Roma. Un gran descubrimiento fue conocer y probar estos vinos hechos a la manera de Itálica. Se comercializarán bajo la marca Bética Hispania son una enriquecedora iniciativa turística, cultural y gastronómica.

El Centro de Interpretación Cotidiana Vitae en Santiponce es una gran idea y una gran oportunidad para explicar el significado de una época que marcó un hito económico y político, y ¡qué mejor que expresarlo con las costumbres gastronómicas….!