El sábado 13 de abril (siento el retraso en contarlo) también tenía pendiente hacer la compra en el mercado de abastos de Cádiz (primero la obligación…). Pero una vez colocadas primorosamente frutas y verduras en sus destinos en la cocina, y congelados carnes y pescados tal como mandan los cánones, pude salir a la calle con la conciencia tranquila e incorporarme al grupo de senderistas literario-urbanos prestos a participar en la tan esperada III Ruta de Fernando Quiñones, nuestro escritor contemporáneo más carismático, sin duda.  El evento estaba organizado por  la escritora y bloguera gaditana Blanca Flores (magnífico trabajo el suyo). Quince años han pasado ya desde la muerte de Fernando y su obra y su personalidad se necesitan hoy más que nunca para huir de la decadencia cultural y vital de ciudades como Cádiz, aunque no sea la única.

El punto de partida en esta tercera edición fue la puerta de la capilla del Nazareno, en el barrio de Santa María. Allí mi amiga y poetisa Rosario Troncoso y el también poeta Luis García Gil recitaron fragmentos de poemas de Quiñones. Me sorprendió el soberbio poema dedicado a la imagen religiosa que allí reside desde tiempos inmemoriales como «El Gran Hiératico». Fernando absorbía cualquier emoción colectiva en sus textos y creo que ése es uno de los objetivos de los poetas comunicadores. Inma Márquez -una gran voz gaditana- canta al viento y a capella la saeta de Serrat y pocos pasos más abajo la cantaora Carmen Olmedo se arranca por tangos dedicados al barrio más gitano de Cádiz; todo ello, mientras los senderistas escuchamos de pie con cazadoras vaqueras y los vecinos desde los balcones en pijama y bata de casa.

Seguimos hablando de camino hacia el Pay-Pay. En el local (antes cabaret y hoy café teatro  y símbolo de la historia viva y latente de esta ciudad), escuchamos a otra artista flamenca gaditana: Carmen de la Jara, que entona una soleá sin guitarra. Y entonces pensé que me perdí los mejores ’80 gaditanos, unos años especiales que cambié por los sevillanos. El músico y corista Paco Medina canta a oscuras a las 11 de la mañana en el pequeño escenario del local. Y eso me avisó de que debía recuperar algunas cosas, recuerdos, músicas y emociones….

De allí, a hacernos la maxi foto de familia en la plaza de San Juan de Dios. ¡Vaya panorámica! Yo siempre me coloco en el suelo, que con mi estatura ni salgo…esta ruta tiene el don de ser efecto centrifugador de muchas fuerzas ocultas… para mí esto solo pasa aquí, porque Quiñones hubo solo uno.

En Plaza de La Candelaria, con sol espléndido y a los pies de Emilio Castelar, se cuentan anécdotas improvisadas y se leen poemas y párrafos perdidos de varias asociaciones y colectivos literarios de la provincia de Cádiz. Alguna guitarra también se suma a la literatura. Luz para el cuerpo y paz para el alma con lectores de Chiclana, Conil, San Fernando, Algeciras y Cádiz.

La multitud sigue su recorrido y pasa inevitablemente por delante del drago cruelmente caído por la indiferencia ciudadana; sus troncos están patéticamente desperdigados por el antiguo patio de Bellas Artes. Sacamos fotos a través de los barrotes de la verja. Alguien lee un manifiesto. De allí, a las puertas del museo de Cádiz, con más lecturas poéticas y fragmentos de las novelas quiñonescas. La librería Manuel de Falla, siempre a la altura, regala a los rutistas una edición de La Legionaria.

En la Biblioteca Provincial se monta un acto solo con mujeres gaditanas en la mesa: Ana Sofía Pérez Bustamante (columnista, habla del periodismo de Quiñones), Yolanda Vallejo (bibliotecaria y periodista, evoca sus comienzos), Lalia Gonzalez-Santiago (periodista y bloguera, alude a la decadencia cultural de Cádiz), Tere Torres (diseñadora y animadora cultural, con alguna anécdota propia de Fernando) y Amalia Quiros (pintora y autora del cartel de la ruta, subraya el habla elegante y sonora del escritor -¡cuanta razón!-). Se necesitan urgentemente líderes culturales, razón en el mejor Cádiz en potencia…también se habla de la Fundación Quiñones, a través de su hija Mariela.

Marchamos ya hacia la Alameda, junto a otro árbol centenario, un ficus, junto al Baluarte de la Candelaria que albergó hasta hace poco los famosos títeres de la Tía Norica, a los que Fernando Quiñones hizo un texto. En esa parada “Batillo” monologuea su crítica gaditana y la voz de Inma Márquez canta el tema central de la ópera Carmen, que para eso el libreto español es de Fernando Quiñones. Recuerdo que estuve en el estreno mundial, allá por el año 1981, en Sevilla, en la plaza de Toros de la Maestranza…. el sonido  trepa por el árbol hasta el cielo limpio y aromático de esta ciudad que a veces no valora lo que mucho que tiene.

Una III Ruta de Fernando Quiñones para no olvidar, como las anteriores. Los libros de Fernando están ahora mejor colocados en mis estanterías.

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