El barrio hispalense de Sevilla Este está un poco lejos del centro histórico de Sevilla y de los clásicos núcleos como Los Remedios, Triana, Heliópolis, El Porvenir, El Tiro de Línea o Nervión, incluso del Polígono San Pablo. Pero su población le convierte en una ciudad con todos sus atributos. Cientos de bloques, casas unifamiliares, edificios de oficinas, hoteles, centros comerciales y una abundante zona verde hacen que tenga vida aparte. Son muchos sus bares y restaurantes, de todos los estilos, tamaños y especialidades. El pasado viernes visitamos de nuevo el Anká, bar en miniatura, que ya conocíamos por haber disfrutado en él de una cata literaria de microcuentos. Lógicamente tuvimos que coger el coche para llegar allí.

Se trata de un local pequeñito en la Avenida Emilio Lemos num. 4, una de las principales arterias del barrio. Su decoración es moderna y su carta de tapas y platos muy variada. Se definen como bar de tapas mediterráneas, lo que causa interés sin duda. Como de ser dos pasamos a cuatro, pedimos un poco de todo para cenar.

Comenzamos con un wok de verduras, plato muy abundante y bien resuelto, si bien es inevitable compararlo con la clásica parrillada, que solo lleva el buen aceite, sin otras salsas más exóticas como el wok. Nos gustó.

Como siempre, caimos en la tentación de probar las croquetas. En Anká son de puerro, zanahoria y pollo: excelentes.

Seguimos con un secreto confitado, acompañado de un pan de miel y curry de base. Eso se lo reservé a mi marido, mucho más carnívoro que yo. Puso cara de satisfacción al probarlo.

Tenían gurumelos así que había que aprovechar la temporada: estaban hechos a la plancha con foie y en revuelto con huevos ecológicos. Magníficos.

Y como nota particular, Anká incluye la tapa “Homenaje al serranito”, al precio de 4.50 euros, de los que una parte va destinado a una ong de proyectos al desarrollo. También lo encargamos. El plato lleva presa ibérica, pimiento frito, tomate natural y jamón ibérico. Riquísimo. Y las patatas fritas, de escándalo.

Y nos fuimos animando a pedir otro plato para compartir, que en este caso fue bacalao frito con muselina de pimientos del padrón. El bacalao –de buena calidad- estaba muy bien frito, doy fe.

Dos postres, un helado de coco y tarta de chocolate con galletas pusieron la nota dulce a una buena sesión de tapeo-cena.

El Anká ofrece además productos singulares: huevos ecológicos, vinos de Constantina (sierra norte de Sevilla, Bodega La Margarita) y lo que más me gustó es que su pan procede del obrador del gran Fidel Pernía, del que al parecer fue su primer cliente y lo es al dia de hoy. Anká también elabora platos de cuchareo.

Una carta variada y cuidada, unos vinos y cervezas de cercanía, una decoración moderna y creativa, hacen de este bar un lugar diferenciado en un barrio donde apenas existen locales vacíos. Y el ambiente de lo más agradable. Habrá que coger el coche de vez en cuando.