La revista literaria “El Ático de los Gatos” dirigida por Rosario Troncoso, publica en su número 2 –dentro de la sección gastronómica- un “Monólogo de la Tortilla”, que supone mi debut literario oficial junto a la tortilla gaditana. Y en uno de los actos de presentación de la revista, enumeré los estudios realizados en este blog sobre la tortilla de patatas, todo ello con la habilitación oficial del título de licenciatura en tortillología, recogido en el mes de noviembre pasado.

En aquel momento me referí a mis investigaciones  sobre las tortillas ilegales (como las chirigotas), sin formato estandar, en clones precocinados que atacan, tortillas de conventos de clausura, de alegres prácticas playeras, enseñadas a inmigrantes, tortillas Erasmus de nuestros hijos, en ricos bocadillos, tortillas en performances culturales, en libros de gastronomía, tortillas veganas (sin huevos), y sin olvidar la atención a los medios de comunicación y la entrevista a la tortilla, incluso a la tortilla francesa, que prefirió quedarse soltera.

Con esta introducción, leí el pasado sábado el Monólogo de la tortilla: quinientas palabras que copio a continuación y que se recogen en “El Ático de los Gatos”, una revista llena de ilusión, que puede ser un buen regalo de navidad y que se vende en librerías gaditanas.

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“¡Vaya!. Me he colado aquí, entre tanta pluma prestigiosa y estoy algo cortada. Ya sé que mi sitio es la cocina, con el servicio, las viejas sartenes, los huevos apilados y las patatas de piel arenosa, esperando que me llamen. Seguramente no soy lo que esperaban en esta sección del Ático de los Gatos, “Para Relamerse”: no me llamo vino, ni jamón, ni siquiera tapa de diseño o en deconstrucción. Soy la tortilla de patatas de siempre. Parte de mi éxito es la buena técnica del cocinero, aunque según los gastrónomos entendidos, mi materia prima es fundamental y por ello insisten en que huevos, papas y aceite deben ser buenos. ¿Sabéis hacer una tortilla de patatas?

Soy pobre. Durante muchos años trabajé para hogares, colegios y pensiones modestas. Ahora estoy de moda en muchas barras de bares pero sigo tiesa. A todos gusto, a nadie caigo mal, y mira que eso es difícil. A pesar de mi aspecto provinciano, aún sigo teniendo imagen y marca dentro y fuera de este país.

Para mis adentros pienso que soy el reflejo de la vida misma: un proyecto común para compartir ideas. Pero no todo el mundo le echa huevos o incluso no todos saben manejarlos. A veces una mínima distracción o huida hacia adelante estropea mi resultado, echando a perder el curriculum del ser humano, que entonces se desparrama lastimosamente crudo o se reseca como la piel con los años. Soy el ejemplo del juego de la humanidad. Aquí todos quieren participar, cada uno a su manera. 

Pero no me negareis mi condición positiva. Siempre estoy contenta porque sí, por mi buena forma, carácter flexible (asertivo dicen ahora), por lo mucho que ambiento en la mesa y en la cocina y porque siempre tengo a alguien esperándome. ¿Qué más puede desear un plato casero en estos duros tiempos de ida y vuelta?.

He venido sola; muchos productos –compañeros míos- están tristes, humillados, incluso la mejor fruta fresca está deprimida, porque no encuentra su identidad, su razón de ser.  No me importa contarlo a la opinión pública, reafirmando mi carácter sencillo pero valiente. He vivido en tantas cocinas que mis reflexiones siempre ayudan a contrarrestar la sinrazón que nos rodea. Me gusta que todo termine bien. 

Estoy inevitablemente unida al hombre, a su vida diaria, a sus íntimas y básicas preocupaciones y conflictos; trabajo para él, siento sus manos batiendo con tenedor yemas y claras. Le contemplo mientras intenta controlar el fuego sobre la sartén, la temperatura del aceite o el tiempo sobre el cuajado. Le admiro.

Soy capaz de reunir a todos los miembros del grupo en una misma orientación, en un momento fugaz pero irresistible que busca acabar pronto conmigo saboreándome sin reservas. Hidratos de carbono, grasas y proteínas, tal vez alguna hortaliza bien picada, chacinas o verduras, me convierten en una bendición para el paladar.

Soy simple pero muy compleja. El mundo es una tortilla redonda. Viajando en bocadillo, tengo movilidad geográfica.

Métete en la cocina.”