¡Atención!: primer post de nuestra rotativa como licenciados en tortillología. De ahí nuestra mayor responsabilidad por la consiguiente influencia en la opinión pública de nuestras reflexiones, ahora más autorizadas. Resulta que el sábado pasado descubrimos dos nuevas tortillas en la capital gaditana, ambas con una semana de vida en sartén. Ha sido en el establecimiento Casa Tino, en la calle Rosa 25. Ahora lo cuento.

Dos tortillas dos: de carne y cebollas caramelizadas una y de pimientos a dos colores otra, que lucen en los platos, están jugosas como para seducir y con presencia como para estar incluidas en un buen tapeo. Así son las jóvenes tortillas de Casa Tino. Bien por el nuevo cocinero, que además termina ambas tortillas al horno. Tortillología bipolar diría yo.

Es que el barrio de La Viña también existe. Con frecuencia muchos de nosotros –gaditanos o no- hemos tenido allí vivencias relacionadas con el carnaval o el atardecer de La Caleta. Pero últimamente creo que su hostelería está sonando poco en esta movida de nuevas aperturas y modernos ambientes en el centro de nuestro querido Cádiz. Por eso nos alegró tapear en Casa Tino, que fue como un retorno a lo vivido, fundamentalmente un aire distinto.

Otras tapas que merecen la pena son las hamburguesitas de chocos en su tinta, el paté de morcilla de arroz (espectacular) sobre pan frito, la tarta de queso payoyo y el tradicional aliño de patatas con langostinos, mi favorito. Y sus clásicas ortiguillas. Y todo a un precio más que razonable. Tenemos pendiente probar los arroces del mediodía y su nueva sopa de tomate.

Casa Tino acaba de renovar la carta –como también el diseño de la misma-, añadiendo algunos platos, pero manteniendo sus fritos de pescado. La Viña no se explicaría sin ellos. El establecimiento tiene perfil rociero, taurino, carnavalesco y cofrade. No sé cómo puede con tanto.

Un olor distinto al resto de la ciudad, otro modo de vivir y de mirar el mar por parte de sus habitantes, y creo que una actitud ante la vida misma. Pero La Viña debe renovarse, adaptarse a los tiempos y diversificar su oferta gastronómica. Pero sin perder su propia chispa. Por sus calles siempre vuelvo a recordar los pasos de mi padre en los años en que allí ejerció de cartero.

Dos tortillas me enamoran en La Viña.  Propongo su degustación como clases extra escolares.

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