Antonio Reyes, concejal de Turismo del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda y nuestros amigos del blog Tubal, organizaron el sábado pasado una visita a este municipio gaditano, para conocer los navazos, un antiguo sistema de explotación agrícola sostenible que ha llegado hasta nuestros días, basado en la combinación de dunas litorales con acuíferos, cuyos niveles están influenciados por las mareas. Rubén Sánchez, ingeniero agrícola y estudioso de los navazos, fue el encargado de ilustrarnos sobre este modelo de agroecosistema, ejemplo de patrimonio inmaterial agrícola, hoy en peligro de extinción. Luis Ibáñez, agricultor y miembro de la tercera generación de navaceros, nos describió las características de estos cultivos tradicionales.

La suerte de tierra que visitamos –pegada al Baluarte de San Salvador, del siglo XVIII- recibe por ello el nombre de Navazo del Baluarte, y es el mejor conservado de cuantos permanecen en la actualidad. El hombre compatibiliza a la perfección este sistema, aprovechando las hondonadas del terreno arenoso, de mayor humedad y fertilidad. Bajo las arenas de los navazos, situados a pie de playa, coexisten las aguas dulces y saladas, que por sus diferentes densidades y temperaturas, no llegan a mezclarse. Cada doce horas la marea empuja los acuíferos de agua dulce en estas tierras, aportando humedad a las raíces, y convirtiéndolos en las más productivas, como ocurre en otras poblaciones de la costa de Cádiz y Huelva, si bien es en Sanlúcar donde alcanza su máxima perfección. Los navazos de marisma son menos productivos que los mareales.

Esta técnica se conoce documentalmente desde el siglo XVI, pero su origen no está determinado. Aunque eran muchos los navazos existentes a finales del siglo XIX en la provincia gaditana, hoy solo sobreviven algunos en Sanlúcar de Barrameda, por la amenaza del desarrollo urbanístico.

El navacero o agricultor no era el propietario aunque solía vivir en el propio navazo. Tenía gran experiencia en el manejo de arenas, que aunque carecen de nutrientes, tienen gran facilidad para el drenaje por su mínima granulometría. Era corriente el cultivo de viñedos en los navazos, y se sabe que las vides allí plantadas se libraron de la plaga de la filoxera que destruyó gran parte de nuestros viñedos a finales del siglo XIX. Estas explotaciones tuvieron gran relevancia en la época de la Ilustración, tal como muestran los numerosos tratados escritos sobre ellas. Entre 1700 y 1800 el Semanario de Agricultura y Arte, publicó abundante material sobre estos sistemas de cultivo, siendo distribuidas estas publicaciones a los párrocos de las poblaciones, que lo divulgaban entre los navaceros, la mayoría de ellos analfabetos.

Los sembrados en el navazo se organizaban en una continua rotación, programando los cultivos con sabia experiencia, de manera que alcanzaran la máxima productividad y sostenibilidad. Cada familia trabajaba en una hectárea en régimen de cooperativa. El exceso de agua –a falta de bomba extractora, que no se conocía aún- se regulaba por medio de las llamadas gavias, o canales.

Los cultivos más frecuentes en los navazos son los guisantes, puerros, patatas (con dos cosechas), coliflores, habas y pimientos cornicabras, y aportan gran diversidad y variedad de hortalizas.

La tierra de navazo no suele contener restos arqueológicos, si bien los más antiguos encontrados datan del siglo V a.C. El archivo de la Casa Ducal de Medina Sidonia posee abundantes referencias en documentos de la existencia de los navazos. Y el agrónomo romano Columela ya escribió en sus tratados de este sistema de explotación agrícola (viñas en la arena).

El navazo fue, es y sigue siendo una opción de desarrollo agrícola sostenible, en un municipio influenciado por el hábitat de Doñana. No obstante, se necesita el respaldo de la administración para fomentar su protección como patrimonio inmaterial de la humanidad como un agroecosistema tradicional.

En la actualidad se ha constituido una plataforma para reivindicar el navazo como elemento social e histórico en Sanlúcar, conservador de la biodiversidad, y que tiene previsto crear un centro de interpretación como elemento educativo, así como fomentar en los navazos huertos sociales.

Personalmente, tengo gran interés en conocer las compatibilidad de estos cultivos navaceros con la agricultura ecológica tal como la conocemos hoy. Será cuestión de seguir buscando información.