Marta y Pili, sevillanas, jóvenes y sobradamente preparadas, estuvieron dos meses en Etiopía, trabajando para un orfanato de niños con sida, pero también tuvieron tiempo de vivir otras experiencias, como conocer de primera mano la preparación del café, producto que es uno de los pilares de la precaria economía del país africano. El café en Etiopía se prepara con una ceremonia tradicional, doméstica y muy cuidada en sus más mínimos detalles, por ser un producto de gran calidad. A nosotros nos trajeron un paquete molido y hemos preparado unos cafés fuertes, pero riquísimos. Aquí va la crónica de su experiencia cafetera etíope:

“Las mujeres etíopes siguen preparando el café en sus casas como antaño. Podemos pensar que es por falta de corriente eléctrica en algunos hogares, pero no en todas las casas es por este motivo.

Ellos lo consideran una ceremonia y les encanta invitar a los “foreingers’’ a disfrutar de una auténtica coffee ceremony. Por supuesto, no podemos esperar lo que para nosotros es una bonita mesa preparada, pero sí cafeteras, tazas y candelas artesanales y preciosas.

Lo primero es tostar el grano, que lo hacen al carbón. Mientras esperas, te ofrecen el famoso pan de falsa banana y palomitas. Aquí pensaríamos que no tiene sentido pan con café, pero ese pan concreto recién hecho y tostadito y con el mejor café del mundo, sí. Las palomitas, sin sal ni nada, totalmente naturales.

A la vez, comienzan a hervir el agua en otra candela.

A continuación lo muelen a mano en un recipiente de madera tallado, como no, a mano.

La forma de servirlo es distinta según la región. Normalmente, lo toman solo y con muchísimo azúcar, pero ya que el café es tan fuerte, no resulta excesivamente dulce.

Otra forma es con sal en lugar de azúcar. Y la última es tomarlo con mantequilla. Se disuelve una cucharada en el café caliente ya servido, sumergiendo poco a poco la cuchara en la taza, de forma que queda una capa de aceite en la superficie. El olor y el sabor son muy característicos”.