Estaba serigrafiada, tallada y numerada, dicen que con más de doscientas piezas de cada modelo. Tenía vasos para todos los usos: de vino blanco, tinto, cerveza, licor, cava, coñac o agua. Durante mucho tiempo dieron servicio a la clientela más exclusiva y mediática de aquella taberna típica inaugurada en la calle San Juan de Cádiz, junto a la catedral nueva, en el verano de 1960, donde cada cliente tenía su copa o vaso propio. Hoy le faltan algunas piezas, repartidas entre los herederos de Manuel Fedriani, el fundador de La Cueva del Pájaro Azul, pero ahí siguen, recordándonos un estilo de hostelería basado en la calidad de la oferta y el servicio, con un alto perfil gastronómico y con el valor añadido del mejor arte flamenco, tras bajar algunos peldaños bajo la calle y al nivel del mar. Hace más de cuarenta años.

Los mejores vinos, la mejor manzanilla, la deliciosa gamba blanca y el auténtico jamón de bellota se dieron cita en esas mesas pequeñas, servidas por camareros vestidos de bandoleros, mientras se cultivaba la conversación o se escuchaba el buen cante flamenco de figuras que luego fueron leyenda. Allí, bajo tierra, la temperatura era siempre constante. Eran tiempos donde no había que disfrazar el origen de ningún alimento. El nombre del jamón lo decía todo, sin definiciones legales innecesarias; y en cuanto a la gamba, era verdaderamente blanca y, fresca. La manzanilla de Sanlúcar y el fino Carta Blanca impregnaban su olor en las paredes de La Cueva del Pájaro Azul, todo ello en una España que despegaba su desarrollo social y empresarial.

Eran tiempos en los que el empresario Manuel Fedriani diseñó los mejores detalles para ambientar un local de flamenco, buen copeo, buena conversación, buen cante y mejores crónicas. Lástima que todo aquello acabase a finales de los setenta. Ahora solo unos vasos serigrafiados recuerdan la personalidad del lugar y la relevancia que alcanzó en la vida social de Cádiz, traspasando incluso sus fronteras. De ello hablaremos en otro capítulo, mostrando el bello libro de visitas de La Cueva.

La Cueva del Pájaro Azul fue un referente, y para la familia Fedriani, un patrimonio inmaterial de satisfacción, puesto en marcha por un empresario que fue adelantado a su tiempo.

Actualmente el lugar ha sido rehabilitado junto a la finca de pisos bajo la que reposa. ¿Cuál será su destino?

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