Mi padre solía decirnos que era “castrense”, por lo mucho que le gustaban los temas militares. Con pocos años, paseando de su mano por la Alameda yo le preguntaba por aquellas murallas que siempre miraban al mar y por quien vivía allí. Él a veces se inventaba algún cuento o leyenda para satisfacer mi curiosidad. El caso es que pasé mi infancia obsesionada con los baluartes, referencia de una ciudad tan especial como Cádiz, cuyo antiguo nombre, Gadir, significaba ciudad amurallada.

La Asociación Cádiz Ilustrada organizó el pasado sábado una visita guiada por tres baluartes (o lo que queda de ellos) de la zona de extramuros gaditana: los fuertes de Cortadura, Torregorda y Puntales. Fue el profesor Miguel García Diazl el encargado de explicar a más de un centenar de personas la historia de esas murallas y su participación en la defensa de la ciudad.

El fuerte de Cortadura, fue diseñado en 1808 por el ingeniero Antonio Hurtado, aunque en 1724 existía el baluarte del Camino Real (con San Fernando), llamado Garita de los Dos Mares, tal vez cerca de El Chato, con dos fortines unidos para cortar el paso del arrecife, llamado Los Castillejos, cuyas ruinas estarían bajo la construcción actual. Creado para la guerra de la Independencia, no se utilizó para ella, pues aquí no estaba la defensa de Cádiz, sino en Puente Zuazo. De los cinco proyectados, contaba solo con 3 construcciones: el baluarte de San José, de Santa María y el saliente del Infante Don Carlos, con un foso inundable con camino de acceso en pendiente (glacis) para proteger y dificultar la entrada. Más tarde se corta la muralla por el centro. Este fuerte llegó a tener 35 cañones.

Y como detalle curioso, citar a Castra y Cabelloso, las dos mulas que daban servicio de carga y transporte en el baluarte, y que, siguiendo la costumbre, estaban enterradas allí mismo. En estos recintos también había huertas y cochineras.

En 1898 el Duque de Nájera, ante el temor de que el ejército americano de Watson bombardeara, financió las obras de baterías y fuertes, bordeando incluso la via férrea. En agosto de 1936 Cádiz es bombardeado desde el aire, siendo atacado el fuerte de Cortadura el dia 8, aunque sin producirse bajas. Un túnel subterráneo comunica los baluartes  separados por la carretera de entrada a Cádiz. El sábado pudimos recorrerlo, pasando al otro lado. Este Baluarte ha sido cedido por Defensa al Ayuntamiento de Cádiz, por 25 años.

Es lamentable el estado en que se encuentra esta fortaleza, por el abandono de las instituciones y el ataque de irrespetuosos grafiteros, a pesar de ser el escaparate de la entrada a Cádiz.

Torregorda: Su historia se pierde en la Almadraba de Hércules. En este baluarte había 2 torres. De 1603 es la primera torre almenada, a juego con otras como las del castillo de San Sebastián, San Fernando, Sanctipetri, etc. para avisar de los frecuentes ataques berberiscos. Entre 1720-1730, la torre se incluye en un fuerte, con dos baluartes. Tiene forma circular, con parapeto corrido. Contaba con 5 cañones en la guerra de la independencia. Carecía de obstáculos para el disparo.

Casi destruida en 1898, se reconstruye en 1933. Sus restos se encuentran en la línea fronteriza con San Fernando, incluidos en la base militar del mismo nombre. Le rodea un paraíso de salinas y esteros. Allí –junto a las advertencias de seguridad militar de no fotografiar y de acotar nuestro paso a la zona antigua- nos recibe un cañón que perteneció a un barco hoy hundido. Posiblemente le sorprendió el naufragio en tareas de reparación en tierra, por lo que hoy podemos contemplarlo.

Desde 1797 a 1808 los ingleses asediaron estas defensas. Sin embargo, en la guerra de la independencia, en 1810, éstos fueron nuestros aliados contra los franceses. Unos 8.500 soldados ingleses y portugueses ocuparon entonces los fuertes de Torregorda y Matagorda, considerados de 2ª y 3ª línea defensiva, para proteger Puntales, debido a nuestra desconfianza hacia los ingleses. Aunque aquí no hubo acción militar importante, estos ejércitos hicieron obras de reforma con fosos durante su permanencia.

Desde 1888, en Torregorda se encuentra la Escuela de Tiro, como ensayo y experimentación de municiones. El Duque de Nájera reforma el baluarte, trae piezas de cañones, decapitando la torre existente para impedir el ataque del enemigo norteamericano, quedando solo algunos restos de su base. En 1933 se construye la nueva torre. Al estallar la guerra civil no quedaba en Torregorda ningún cañón, por lo que se traen algunos de los barcos viejos. El baluarte es defensa de la Marina como del ejército de tierra.

En resumen, una visita de lo más interesante, sobre la arquitectura militar gaditana, en una ciudad rica en historia y patrimonio, que todos deberíamos conocer. A mi padre le habría encantado esta visita.

Video de la visita a Cortadura