Corría el año 1910 cuando en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) una mujer pobre, consciente de su situación -dos hijos y un marido de poca salud- decidió buscarse la vida, elaborando en un lebrillo tortas con los cuatro ingredientes clásicos, a saber: harina de trigo, aceite de oliva virgen extra, azúcar y semillas. El panadero del pueblo pondría su horno antes de ponerlas a la venta. De este modo, Inés Rosales Cabello, emprendió el camino de la propiedad de su destino. El proyecto tuvo éxito, y en poco tiempo se veían bajar diariamente en los años 30 a las mujeres con los canastos llenos de tortas de aceite por la “Cuesta del Caracol”, hacia la Plaza de Armas, en la capital sevillana. De ese modo, las tortas empiezan a viajar en tren, a un precio de 1,5 perras gordas. Inés ya es famosa cuando muere a los 42 años. Continuará su hijo con la empresa, hasta que Juan Moreno la compra en 1985. Hoy la marca Inés Rosales vive su mejor momento dentro y fuera de España, y es toda una referencia de calidad y tradición.

Con 10.500 metros cuadrados (ya van 3 ampliaciones), desde su factoría de Huévar (Sevilla), Inés Rosales mantiene dos líneas de producción (tortas de aceite y multiproductos), que vende en los 5 continentes, todo hecho a mano, con la misma receta tradicional, 100% natural. Un total de 140 personas trabajan en la firma sevillana, siendo el 80% de la plantilla mujeres. Recientemente se han incorporado a la producción los hojaldrines, tras la compra de la patente de hojaldrinas Mari Trini.

Se llaman labradoras las mujeres (no hay hombres en este oficio) que forman las tortas con sus propias manos, una vez salidas de las amasadoras. De ahí que ninguna torta tenga el mismo aspecto. El proceso comienza con la descarga de aceite de oliva virgen extra, la harina, el azúcar y el dióxido de carbono para enfriar la masa. Son 110 kilos de masa los que se descargan. La semilla (matalauga y ajonjolí) se echa a mano, y el aove )un 25%)luego, poco a poco. Son tres perolas las que se ponen a funcionar cada 8 minutos. Una bolita de 35 gramos exactos se convertirá en una torta de aceite Inés Rosales, la de toda la vida, tras un horneado de 210º durante 8 minutos.

Controles de peso indicarán el porcentaje de rotura o productos defectuosos, que al final se donarán a determinadas instituciones. Las labradoras trabajan de 6,15 h a 14,25 horas, con dos descansos de 8 y uno de 25 minutos. De este modo, salen 300.000 tortas diarias, camino de países como USA (principal comprador), Nueva Zelanda, Japón, Portugal, Emiratos Árabes, Australia, Alemania e Italia….todos ellos suponen el 18% de la producción, con la etiqueta internacional Sweet olive oil tortas…., en cajas de 10 paquetes (en España de 20). En quince días estarán en las tiendas gourmets de Estados Unidos.

Durante la visita asistimos a todo el proceso de fabricación de las tortas de aceite, excepto el de liado, actualmente en fase de nueva experimentación.

Es un orgullo saber que un producto tan andaluz se comercialice en tantos países. Posiblemente Inés Rosales no pensaría llegar tan lejos, pero su obra ha permanecido en el tiempo.

Muchas gracias por la atención recibida por este grupo de blogueros en la factoría de Inés Rosales, concretamente a María del Mar Calvo, que fue nuestra guía durante el recorrido el pasado jueves.