A finales del siglo XVIII, Domingo López de Carbajal, vizconde de Carrión y marqués de Atalaya Bermeja, regresaba a España desde México, cuando una tormenta le hizo temer por su vida. Invocó entonces a la Virgen de Guadalupe prometiéndole fundar en su honor una villa en lo más alto de la sierra gaditana si le salvaba del naufragio. La Virgen cumplió y él también, adquiriendo con la plata hecha en las Américas, la Dehesa de Algar y la Dehesa de Sotogrande, del término de Jerez. Con 90 hectáreas dedicadas a tierra de labor y repobladas con moradores de los pueblos cercanos, se funda la localidad de Algar en 1773, y desde entonces la iglesia y parroquia local acoge el cuadro original de la indiana Virgen de Guadalupe. El municipio no sufrió saqueos durante la guerra de la independencia, por lo que conserva las actas fundacionales que su joven alcaldesa, María José Villagrán, muestra a los visitantes con orgullo.

La casa consistorial de este municipio de apenas 2.000 almas es elegante, y de digna presentación, con un salón de plenos donde luce la madera de los escaños trabajada por los ebanistas locales en la rehabilitación de 1989. Un gobierno municipal formado por gente joven, con ideas y entusiasmo, aporta a Algar un aire dinámico y fresco, que invita a la ilusión. También en la villa existe un grupo de adolescentes voluntarios como monitores de los niños más pequeños durante el verano. Esa filosofía es la gran baza de Algar y puede ser su nota de excelencia.

De enero a diciembre la localidad celebra muchas fiestas (patronales en Septiembre por la Virgen de Guadalupe, con alfombra de sal, San Nicolás a principio de junio, carnaval en febrero, etc.). Cuenta con banda de música local y grupos de bailes infantiles. Su coqueta plaza de toros de piedra, de planta octogonal, ha cumplido el centenario, si bien está parcialmente cerrada por problemas estructurales. Se pretende dedicar este recinto a actividades como conciertos, festivales de recortadores (sin muerte de toro) y a tiendas y locales de ocio.

Sus platos típicos son la sopa de tomate y la tarta de queso, así como los roscos de semana santa y el piñonate. Algar es un pueblo dónde aún las cosas pequeñas se hacen importantes, porque están desprovistas de intermediarios sociales; los proyectos son lo que son, ilusiones, en medio de un lugar limpio y claro, como sus fachadas.

La profesora e historiadora Hilda Martín –asidua visitante de Algar- explicó en nuestra visita del pasado sábado a la localidad, la historia del pueblo, con el cuadro de la Virgen de Guadalupe traído por Carbajal desde Méjico, que se venera en la iglesia parroquial del mismo nombre. Martín confiesa haberse enamorado de Algar: se ama lo que se conoce. Y Algar necesita personas como Hilda para ponerse en valor.

Dos o tres calles importantes representan la vida cotidiana de la villa. Los bares llevan nombres de toda la vida. En uno de ellos –frente a la parroquia- toma café la joven que va a casarse en ella esa misma tarde. Ésa es la feliz gran noticia del dia en Algar.

La berrea del ciervo, de la que ya hemos hablado aquí, fue el proyecto que nos hizo madrugar el sábado. Durante dos horas no paramos de escuchar el grito hormonal de los ciervos muy cerca de nosotros aunque no llegamos a divisarlos. Pero confieso que nunca ví tantas estrellas juntas en el cielo, como un techo hecho a mi medida, y sin un solo ruido. Por una vez, el silencio nos ganó y asistimos al gran espectáculo del amanecer desde el lado de la naturaleza.

Una vuelta ciclista organizada por el Club Deportivo Casas Viejas, puso el domingo pasado a pedalear a más de 100 participantes en la II marcha cicloturista de la Janda Interior. Nosotros, con el grupo de visitantes, animamos a los corredores. El pelotón de los ciclistas de Cádiz, al final, como disfrutando de la jornada. La provincia nos puede.

Algar quiere apostar por el turismo, desde la marca de la excelencia. Y estoy segura de que un pueblo tan pequeño podrá conseguirlo simplemente perfeccionando aquellos detalles que atraen al visitante, es decir, aquellas propuestas que ofrecen bienestar y atención pero con un punto diferenciador del resto de las localidades. Con un bellísimo paisaje, Algar puede especializarse en gastronomía tradicional y ocio con un poco de esfuerzo e interés. De momento, su paisaje engancha a cualquiera.

 

(Continuará)