Cuatro son los sabores básicos: dulce, ácido, amargo y salado. Éste último viene de la mano de la sal, un producto que fue uno de los principales conservantes alimentarios, pues al extraer la humedad del alimento limita el ambiente húmedo y por tanto las bacterias, inhibiendo su crecimiento. La sal eleva el punto de ebullición del agua, extrae los jugos amargos de algunas verduras (pepino y berenjena), potencia sabores, ayuda a montar claras de huevo, y sirve para marinar pescados. La sal marina común, contiene yodo pero en cantidades muy pequeñas. De ahí que se aconseje la sal yodada, imprescindible en nuestra dieta. También el pescado y el marisco son portadores de yodo, muy conveniente para el funcionamiento tiroideo, así como los vegetales. Es decir, la función de la sal es triple: sazonar, conservar y proporcionar cloro y sodio. No obstante, es difícil dosificar la sal en nuestra dieta.

La sal eleva la tensión sanguínea. De hecho, no se aconseja añadir sal a los purés de los niños en sus primeros años. Por cierto, no se debe conservar la sal en saleros de plata, por la reacción del cloro.

Según los especialistas, disminuir el consumo de sal es muy beneficioso. Son las comidas procesadas o consumidas fuera de casa las que contienen más cantidad de sal. La Fundación Española del Corazón aconseja reducir la mitad del consumo diario de sal, para prevenir enfermedades cardiovasculares, osteoporosis o cáncer de estómago….

Un estudio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y la Universidad Complutense de Madrid, cifra el consumo medio de sal en España en 9,7 gramos/persona/dia, el doble de lo que recomienda la OMS. El 80% de la población consume más sal de la recomendada.

La sal contribuye a la retención de líquidos, produciendo presión sobre las arterias y favoreciendo la hipertensión, con el peligro de accidentes vasculares.

Independientemente de que el ciudadano ponga de su parte, reduciendo el consumo de sal o retirando el salero de la mesa, la industria alimentaria debería disminuir la cantidad de sal añadida a los productos, informando claramente en las etiquetas de la cantidad de sal añadida.

Fuente: libro “Consejos de Nutrición, cocina y hogar” de Cristina Galiano y Diario de Cádiz.

Más información: Organización Mundial de la Salud

Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición