Un mes estaré en el paro, porque voy a experimentar un cambio profundo, estructural. En ese tiempo no daré servicio, ni trabajo, ni olores o humos, ni calores, ni cacharros que fregar, pero tampoco satisfacciones ni tortillas de patatas. He sido vaciada totalmente por la piqueta, desprovista de contenido instrumental, sin mis órganos vitales de agua y fuego, como si de una operación quirúrgica se tratase.

Me siento un poco avergonzada de verme en este estado, no estoy acostumbrada a dejar de trabajar. Nunca había cogido la baja en esta casa. Y para colmo, los miembros de esta simpática familia me miran con tristeza, con mala cara, desorientados, con cierta ansiedad…. Pocas cosas tan chungas como estar sin cocina.

Pero, pronto brillaré como nunca lo había hecho. Mi dolorosa transformación radical hará que recupere con creces todo mi esplendor, modernizándome, actualizándome, ampliando y mejorando mi equipamiento, en suma, aumentando mi productividad. Y entonces se respirará el olor a electrodomésticos inteligentes, azulejos más brillantes y rincones mejor aprovechados. Es la imparable e inevitable necesidad de renovación interna. Y eso me hace mucha ilusión.

Yo, la cocina, he sido y soy –a mucha honra- la protagonista de los mejores momentos de una familia. Ahora estaré unos días fuera de combate. Necesito un antes y un después. No poneos nerviosos, tened paciencia. Ya sé que esto de las obras es un castigo, pero no me echéis en cara mi inactividad temporal, mirad que después os vais a alegrar.

En cuanto esté lista prometo obsequiaros con el mejor puchero y los mejores garbanzos, porque lo mío es la comida de siempre….

Lo peor es que no tengo ni idea del coste final de mi obra, pero esto es inevitable…. y mientras tanto, id a comer a casa de la abuela o al bar del barrio que tiene un menú muy arregladito.

Un abrazo a todos.