La rutina actúa muchas veces en contra de la diversión, de la sorpresa y del lucimiento. Eso ocurre con la cocina diaria. Hay que guisar menús con fundamento, pero casi siempre para las mismas personas, tu propia familia, lo cual resta un poco de interés. Por poner un ejemplo, el arroz que hacemos para una reunión o celebración extraordinaria en casa o en la casita de campo. Pero las recetas de diario no traen más motivación que el deber cumplido, la tarea realizada, algo anónimo.

Además, un mismo plato no siempre sale igual. Por ello siempre tendremos el comité de expertos críticos de casa que nos dirán que hoy el guiso de patatas está más seco, que nos hemos pasado en sal, y que el potaje está bueno pero….que los ha habido mejores.

En fín, con este desahogo solo quería animar a los cocineros/as constantes, reiterativos en la búsqueda de lo mejor para momentos iguales, repetidos, reproducidos en la cocina de lunes al domingo.

Solo les deseo que no se desanimen, que la cocina de casa es así, algo ingrata, dura y exigente, pero que sigan con su esfuerzo, que la salud familiar se lo agradecerá.

Y ahora la pregunta es : ¿Quién se esfuerza más, el cocinero/a de casa o el de un establecimiento de hostelería?…ambos tienen responsabilidad.