Son personajes típicos de los supermercados; los primeros, como portadores de lo nuevo y los segundos como depósito de basura. Los carritos, sin comerlo ni beberlo, han sido protagonistas de excepción en dos tiendas de Cádiz y Sevilla, con motivo del atraco-expropiación alimenticia tipo Robin Hood. Acostumbrados a ir empujados sobre ruedas por familias con niños, y cargar con la compra semanal,  resulta que ahora han sido cómplices de una operación poco legal, transportando un montón de paquetes de legumbres, pasta y aceites, todo ello sin pasar por caja.

Los segundos, los contenedores cercanos a los supermercados también han ocupado últimamente los noticieros. Hace poco en Gerona, les han colocado un candado, impidiendo así su apertura para rebuscar en ellos comida junto a desperdicios. Es decir, los han exonerado de guardar alimentos en trance de caducidad. La tienda, por otro lado, organizará cestas con estos productos para entregarlos a colectivos necesitados. Los contenedores han recibido esta noticia con satisfacción, pues venían denunciando el despilfarro de alimentos que llegaban a su interior, junto a la humillación de tener que separar comida de restos de basura.

Los carritos por su parte han declarado no compartir el modo de “expropiar” los alimentos. Conocen de sobra, con esta crisis tan gorda que tenemos en lo alto, el eficaz circuito de recogida, almacenaje, distribución y entrega de alimentos a familias que lo están pasando muy mal, por no citar las grandes campañas de recogida de alimentos que se organizan (por ejemplo, con Carrefour, uno de los super “atracados”). De ahí que aprueben la decisión de los Bancos de Alimentos de no aceptar la donación de estos productos. No quieren nada robado, la contabilidad está para algo y los documentos también. No obstante, son conscientes del mensaje que ofrece el “robo”: hay mucha gente desesperada que puede prender la chispa en cualquier momento y desembocar en una oleada de violencia. Cuidado, con el hambre no se juega. Es un aviso a especuladores, mercenarios y chorizos profesionales.

Sin embargo, los contenedores de Gerona están francamente contentos con la medida puesta en marcha por el supermercado para el que trabajan, ya que en lugar de tirar a la basura sin más estos alimentos, los reservarán, clasificarán y organizarán en una distribución eficiente, lejos de los desperdicios impracticables.

Carritos y contenedores, espectadores de ida y vuelta de la crisis de sustento que está machacando a unos más que a otros, quieren ser medios de dignificación del salario de los hombres, tanto en su uso como en su eliminación. Y recuerdan, que antes de comenzar estas movidas de supermercado primario ya se había robado la dignidad a muchos que han perdido su trabajo, y que se han visto excluidos de la sociedad productiva y consumidora. ¿En qué supermercado fue?

Dignidad medida en garbanzos y lentejas, cuando para otros se ha cuantificado en millones de euros fuera de los balances contables oficiales. Los carritos y los contenedores hoy nos llaman la atención sobre lo que está pasando en España. ¡Cuidado!