Ninguna ciudad se merece esto, por mucha razón que tengan los huelguistas y sobre todo por la responsabilidad de las autoridades, informadas con antelación. La basura amontonada en las calles, molesta, incómoda, tuvo que convivir dos días con la celebración de las Regatas 2012, celebradas los días 26 al 29 de julio en Cádiz. Los trabajadores del servicio de limpieza municipal volvieron al trabajo por desbloqueo mediante solución judicial, tal como está ocurriendo en muchas de las basuras que han aflorado en este país por malas prácticas, corrupción, abusos y explotación a los más débiles. No sé si algún justo juez pondrá a barrer y baldear a los causantes de tanta porquería en nuestra sociedad.  Mientras tanto, en el muelle gaditano, se daban cita de nuevo una concentración de cincuenta grandes veleros, la del Bicentenario, y la más exitosa desde la primera de ellas, celebrada en 1992, que contó con casi doscientas embarcaciones.

Aunque localizada de las murallas para adentro de la ciudad, la fiesta ha sido apabullante; tuvimos que administrarnos el tiempo disponible, el descanso en el sofá y la observación de los barcos con fines fotográficos, de veleros que en Cádiz se sienten como en casa, con escalas tocando el suelo para facilitar la visita del público. Las colas eran interminables. Eché de menos el barco ruso Mir, el alemán GorchFock, y sobre todo el Libertad, cuya ausencia supongo se deberá a las malas relaciones creadas por la presidenta-diva argentina para con España. Solo quiero que reciban un especial recuerdo desde Cádiz, aunque su mandataria no me caiga bien. Los barcos de estas regatas han llegado cargados de … buen rollo. En otros tiempos fueron nuestra amenaza y también nuestra riqueza. Hoy estos grandes navíos hermosean un puerto que quiere vivir insertado en la ciudad.

Fuera de la verja portuaria, varias exposiciones, conferencias, carruseles de coros, pasacalles de carnaval iberoamericano, bares a tope, gente esperando mesa, una ciudad animada, que regatea su propia crisis, su propio estancamiento cultural y social, y que está pidiendo una buena dosis de I+D+t (trabajo). El lleno de la hostelería obliga a la pregunta: ¿What crisis?.

Pero por encima de basuras, deudas públicas y privadas, incertidumbres y despropósitos generales y tragedias laborales que no se salen de nuestra mente, el desfile de la gente joven tripulante de los barcos se llevó nuestro aplauso, tanto los de uniformes (Juan Sebastian Elcano, Amerigo Vespucci, Gloria….) como el resto de chavales navegantes, en su pasacalles por la ciudad. Tienen ganas de vivir, de divertirse, de ver la vida en colores. Pronto soltará amarras y quedarán a expensas de velas y mareas.

La Regata 2012 refrescó, alegró, dignificó la ciudad, porque durante cuatro días muchos nos miraron con otros ojos, en una fiesta que para Cádiz apenas tiene mérito, porque pone la casa, que es lo más importante, y solo espera que acudan los barcos invitados. A veces siento que la ciudad es solo mía, que solo yo huelo su brisa, y que soy la única dueña de sus viejas calles. En el muelle dejé mi niñez cuando lo visitaba los domingos con mi padre. Quiero un mar y una tierra que empiecen a oler a limpio. A ver si en el Doce hay suerte.